El salón de billar: Un lugar curioso e inevitable – Parte 2

El salón de billar: Un lugar curioso e inevitable - Parte 2

El salón de billar: Un lugar curioso e inevitable - Parte 2

Pasado unos días, recuerdo aquella noche en el salón de billar, mi curiosidad nuevamente se proponía animosa para seguir indagando.

Vi desde mi ubicación, la ventana de mi departamento de calle Concha y Toro, nuevamente la entrada a ese salón de billar al que había visitado hace unos días. Decidí ir nuevamente, pero esta vez me prepare un poco mejor. Me vestí para la ocasión, busque mi mejor traje, el mismo que utilizo cuando asisto a algún evento importante como un matrimonio o incluso una entrevista de trabajo, de hecho, tengo que volver a usarlo para esos menesteres porque me despidieron hace muy pocas semanas.

Di cuenta, que cuando comencé a fijarme que ese salón de billar que estaba ahí en frente mio, la verdad antes nunca me había fijado de su existencia.

Me vestí para la ocasión con un traje gris claro de textura lisa, una camisa blanca con delgadas líneas verticales y horizontales que formaban pequeños cuadros en toda la superficie, una corbata de puntos de color azul, mis zapatos café terminados en punta y un cinturón del mismo tono, porque para estos eventos uno debe estar siempre impecable. Busqué mi reloj de pulsera y esfera azul adecuado para combinar bien con el resto de la vestimenta, saque de mi cajón unos cuantos billetes por los imprevistos, tome las llaves del velador y salí fuerte y derecho donde al parecer la fiesta era eterna.

Crucé la entrada, un guardia vestido de blanco me abrió la puerta, a penas me pude detener frente a él para que me diera la bienvenida a este maravilloso lugar de encuentros y diversión absoluta, caminé muy seguro hacia la barra, donde el mismo cantinero me estaba esperando mientras tomaba un vaso y se alistaba a servirlo con Borbón, -parece que ya sabe mis gustos- sin embargo tome audacia y mientras me acercaba le indique con un gesto de mano que no lo hiciera cuando llegue le explique que esta vez deseaba tomar un Martini seco, agitado sin revolver y con dos aceitunas.

Como guste señor bond, me dijo, comencé a mirar a mi alrededor y estaba ella ahí en un rincón, rodeada de sus propios guardias, la egipcia Cleopatra con su traje blanco impecable, su cabello muy negro y una suerte de corona de oro adornando su cabeza con una áspid justo sobre la frente, sus criados y guardias la atendían todo el día llevándole agua y refrescándola con ramas de palmera con las que bajaban la temperatura de su carruaje que llevaban sus esclavos.

Al otro lado del salón, estaba un señor frente a una pizarra verde escribiendo lo que para mi eran garabatos matemáticos y algebraicos, un hombre de cabello negro y descuidado vestía un traje de café el mismo con el que lo vi la vez anterior que estuve por aquí, o quizás del mismo color me pareció muy extraño y lo apunte en mi libreta de notas, esto era algo a destacar.

En un rincón, una mujer sollozaba con demasiada pasión era la misma mujer que antes vi junto a la mesa de billar cuando el matemático se batía a duelo con el vaquero, le pregunté al cantinero ¿quién era ella? – es Penélope llora por Odiseo que no ha llegado de su largo viaje- me respondió.

En ese momento comprendí por que lloraba tanto esa pobre mujer, tome mi libreta de notas y lo apunte, Odiseo estaba perdido pero quien pudo tramar semejante atrocidad, tal vez cleopatra se ve culpable de esta conspiración ¿pero por qué? me pregunte, quizás Odiseo sabe algo importante para su gobierno y el tipo que está al otro lado de la habitación, ese que parece un loco matemático está escribiendo algo que me pueda ayudar a descifrar esta trama -quien sabe-

Me acerque a la pizarra muy silencioso y me senté en una mesa justo frente a ella, tenía mi Martini en la mano, mientras me acercaba tomé un periódico de otra mesa, sin que se fijaran, comencé a leerlo haciendo parecer que no estaba mirando, el físico matemático no se percato de mi proximidad y seguí haciendo sus cálculos, tal vez no es un conspirador, quizás esta ayudándome como agente encubierto, debo descifrar sus mensajes, -ahí puede estar la clave a todo esto-

De un repentino espasmo, me pregunte ¿pero como llegaron todos aquí si estamos en el siglo XX? quizás esto es un portal de tiempo y espacio y este viejo loco es el precursor. Miré nuevamente sus apuntes y comprendí que en sus escritos estaba la clave que descifraba todo el puzzle.

Debo volver hacia Penelope a su tiempo, me dije, para que se encuentre con Odiseo y a Cleopatra para que deje creer que esto es Egipto, -¿y el viejo matemático?- me pregunte. Estaba pensando que hacer con él cuando vi que unos hombres de blanco tomaron a Penelope y la llevaron por un pasillo largo, lo seguí un poco hasta que la ingresaron a una cámara donde desapareció, los esclavos de Cleopatra llevaron su carruaje por el mismo pasillo y la ingresaron a otra cámara del tiempo, luego al matemático Albert Einstein le llamaron a la distancia guiándolo hacia el pasillo opuesto, con todo esto vislumbré que ellos tenían la respuesta de los viajes en el tiempo, cuando llegaron a mi lado los seguí voluntariamente quería ver a donde podía llegar esta investigación, me condujeron a un pasillo y luego a una cámara, pero cuando desperté estaba nuevamente en mi departamento.

Personas Twitter
J. Freddy Rivas  Autor
@jf_rivasm
Cristian Vásquez Diaz Edición
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