El salón de billar: Un lugar curioso e inevitable

El salón de billar: Un lugar curioso e inevitable

El salón de billar: Un lugar curioso e inevitable

En la zona del centro de la ciudad está mi hogar; un lugar común y corriente, con personas deambulando por todos lados, pero lo único extraño era lo que ocurría en frente del edificio donde habito.

Es un edificio de tres pisos, ubicado en la calle Concha y Toro, edificado en una antigua quinta cuya familia lleva ese nombre. Dice la leyenda, que allí vivió Vicente Huidobro y un tal Joaquín Edwards Bello, no sé quién o qué fue, -creo que un escritor o algo así-, pero a mí me gusta este barrio, por su pasividad que siento cuando camino por sus callejuelas empedradas y que en ocasiones me transporta al Chile de principio de mil novecientos.

Lo más interesante que pasa en este barrio es que desde mi ventana puedo ver un salón de billar que pareciera ser muy antiguo por lo mal cuidado que está, tal vez, una tradición familiar por eso creo no lo reparan, sobre su puerta un letrero blanco con letras negras pintadas a mano, dadas las marcadas en la pintura descascaradas del letrero. Se puede ver a la distancia bombillas que jamás he visto encendidas ¡¿hasta aquí donde esta lo raro?! un día me puse a mirar a la calle desde mi ventana y vi salir un par de personas con atuendos y vestimentas de otras épocas, se veían muy elegantes -una fiesta de disfraces debió ser- un tipo llevaba un traje de tres piezas de color negro a rallas cruzadas, pero no lo llevaba abotonado, el chaleco del mismo tono de su chaqueta, una corbata que terminaba ancha, sobre su cabeza un sombrero como aquellos que utilizaban los gánster en las películas de Eliot Ness. A este persona lo acompañaba una mujer, le tomada su brazo, llevaba un vestido negro con sombrero pequeño y un collar de perlas -al menos eso parecían-

Seguí mirando un buen rato y vi salir a otras personas también con atuendos extraños, salían a dar un paseo pero miraban como desorientados los rincones de la ciudad, observaban los edificios, los autos, los semáforos, a las personas que pasaban por frente a ellos, caminaban un par de pasos y doblaban en la esquina buscando algún lugar donde ir -deben ser turistas además de invitados a la fiesta- me pregunte.

Unos días después me apoye en la ventana de mi departamento a fumar un cigarrillo de esos que dan risa, estaba mirando la misma calle que daba al salón de billar donde se hizo la fiesta de disfraces, cuando en ese momento vi a un tipo vestido de marino de la segunda guerra mundial salir del mismo lugar, aún que este se veía muy bien cuidado como si fuese la primera postura del atuendo -estos cigarros hacen ver cada cosa-.

Más tarde, venia despertando de una siesta de medio día porque cuando uno está sin trabajo lo único que hace es mirar por la ventana y fumar. Me asome nuevamente luego de escuchar el patinaje de un auto que freno intempestivamente ante un ebrio que cruzo la calle en un lugar no adecuado, un par de garabatos salieron desde la ventana del vehículo golpeando al borracho con su ácida verborrea, me quede mirando un rato y vi a un par de tipos entrar al salón de billar de la calle Concha y Toro, me di el tiempo de esperar en la ventana para ver qué pasaba y hasta que hora jugaban, espere cinco horas y no salieron -para mí ya era hora de salir- tenía una cita con una chica que conocí en una de esas páginas de internet para hacer amigos.

Un día, volvía de noche al departamento, luego de haberme juntado nuevamente con la misma chica de internet, con algunas copas en la cabeza pero lo suficientemente consiente como para saber donde estaba mi departamento y las llaves de la puerta de calle, me aprontaba a abrir la puerta, cuando vi entrar a un par de tipos vestidos como bandolero al estilo de Al Capone, estaban fumando habanos con una copa en la otra mano, los vi hablando muy fuerte unos instantes y luego volvieron a ingresar al salón sin percatarse de mí y mucho menos de la calle y sus adornos.

Hace bastante tiempo que no juego billar y dicen que uno debe ser invitado a los salones antiguos o te mirarán de forma extraña y hasta podrías terminar en una riña, tome un poco de valentía, respirando profundamente cruce la calle y avancé valientemente hasta la puerta del salón, mire el letrero que estaba sobre mi cabeza, tomé un poco de aire para atreverme a entrar, pensando en todo lo que habia visto semana, porque ya no me cuadraba una fiesta tan larga, antes de cruzar la puerta mire hacia mi departamento y baje la mirada a la puerta del edificio para cerciorarme que no la había abierto, mire nuevamente a la entrada del salón y entre, cruce un pasillo al final de este, una cortina roja burde de terciopelo, la corrí y entre al salón, no había música y tampoco gente bailando, sino, solo era un salón de billar que estaba funcionando como tal, con la particularidad que a un costado habia una barra de bar que atendía a los jugadores y a sus acompañantes.

Me acerque a la barra, deseaba tomar algo más, ya estaba frente al departamento ya no había mucho de qué preocuparse, los asistentes al bar ni se habían percatado de mi presencia como si me conocieran de toda la vida, le pedí al cantinero un vaso de wisky y me sirvió uno además de un par de píldoras- esto que es pregunte- y con una sonrisa me dijo –es lo de siempre- más extraño para mí fue, como si yo fuera cliente frecuente de este antro.

En la mesa de billar estaba jugando Albert Einstein con un hombre vestido de vaquero se parecía a John Wayne, al otro lado de la mesa mirando inmóvil el juego una dama que lloraba como una magdalena le pregunte al cantinero ¿quién era ella? -me dijo que se trataba de Penélope, la Griega-, al final del pasillo se encontraba el marinero de la segunda guerra mundial agachado, apoyado en sus talones y con su arma en las manos como manteniendo el equilibrio con ella, en una mesa, los gánster que fuera y a quienes seguí hasta aquí junto a la dama y el hombre que estaba paseando unos días antes, todo esto era muy extraño para una fiesta, si bien de disfraces pero me extrañaba lo larga de esta celebración.

Mire nuevamente al cantinero que me sonreía sosteniendo en una mano el vaso de wisky y en la otra esas píldoras de siempre, yo creo que eran el equivalente a mis cigarrillos de hierba hice un brindis por los amigos de la fiesta me arroje las píldoras y me bebí el wisky de un solo trago, estaba muy fuerte yo creo que debió se un Borbón, pasaron unos segundo y a los guardias les conté que habían otros guardias cuidando a los invitados, se comenzaron a acercar a mí, tal vez estaba muy ebrio o me hicieron mal las píldoras de hierba que me dio el cantinero.

Cuando llegaron a mi traían una silla que tenia vida propia porque la empujaban un poco y esta se movía prácticamente sola, tal vez era de Stephen Hawking que se había embriagado antes y lo fueron a dejar a un taxi tras una puerta de cristal al final de un pasillo blanco y muy largo o bien querían hacerle una broma, me hicieron sentar y me llevaron a mi departamento avanzamos por el mismo pasillo donde fueron a dejar al físico matemático y llegamos a una puerta con una pequeña ventana la abrieron y ya estaba en mi departamento, no sé cómo subimos tres pisos en esta silla si en mi edificio no hay ascensores y no me di cuenta que así fue, me ofrecieron otro par de píldoras esta vez la droga era más fuerte debió ser acido, las trague con un corto de vodka sueco y el efecto fue casi inmediato me tendí y comencé a mirar el cielo blanco de mi departamento.

Solo escuche a lo lejos que los guardias me dijeron, mientras se retiraban, -No es necesario que nos observes tanto, ya eres parte del club y la chica del internet, tambien nos visita de vez en cuando, no te cuides, ya no es necesario.

Personas Twitter
J. Freddy Rivas  Autor
@jf_rivasm
Cristian Vásquez Diaz Edición
@PiojoChile

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