Nueva Constitución: El éxito de vender humo – parte 2/2

Con la inercia de los años de aburguesamiento chileno, frenar en seco es por los menos difícil, en ese intento la cultura cultura continua haciendo de las suyas. Esta vez, la nueva constitución opera como una suerte de una venta de humo ante una ciudadanía con aires de despabilar.

Cada vez más, se escucha un grito despavorido del pre-adolescente chileno, que no ha tardado en hacer tilt luego de tanto abuso con la instalación del nepotismo, el clientelismo y la plutocracia expuesta a la opinión pública en gran parte a través de redes sociales, cuyo acceso tecnológico le ha permitido hacer tangible aquel secreto a voces del modus operandi histórico de la oligarquía y la casta política chilensis.

Resumiendo a groso modo, hay que comprender desde la dictadura a la actualidad: Partimos de la vigilancia y el castigo de la dictadura, con una generación que quedó reprimida y lastimada por decir poco. Al término de la dictadura, se hace la tranza para la salida a la democracia, (aquella negociación o traición para algunos), el primer gobierno de transición fue un respiro para poder abrir la puerta de la casa sin estar en “toque de queda” mientras se realizaban los acomodos para que la casta política volviera a tomar sus puestos. El siguiente; un gobierno que afiló los cuchillos de los tratados de libre comercio, para hipotecar la apertura del país y darle aperitivos al modelo económico. Luego los chilenos escogen a un padre fuerte, estadista y regañador para mantener al hijo tímido que necesitaba mantener su bonanza y en paralelo le hiciera el guiño correspondiente a los empresarios,  al modelo económico y la estabilización política, desde luego, así estaríamos bien con Dios y con el Diablo. Luego de un periodo cómodo y de bonanza con un hijo maltratado, ahora se encontraba falto de cariño, y como los chilenos son mamones, necesitaban una madre consoladora que entregase el cariño suficiente para que el niño no llore. Luego como una bofetada y espasmo de rebeldía  del pre-adolescente, se hace sentir el descontento dado los años de soberbia izquierdista, por lo que terminamos coqueteando con una anécdota tecnocrática, donde se junto el poder político y económico como ambición, con el fin de mantener la ambición de bonanza de un niño gordo que ve en peligro su comodidad. Para terminar tropezando con la misma piedra ¿masoquista no?

Después de ese recuerdito y durante el tiempo mencionado, el ciudadano chileno no se preocupó: ni de rescatar su identidad, ni de cambiar el modelo establecido, ni menos de hacer cultura, porque estuvo cómodo engordando en el sillón del acceso al dinero, delegó la responsabilidad cívica y creyó a ojos cerrados en los discursos políticos. Y por cierto pensar en una nueva constitución fue por lo menos absurdo.

Durante los últimos años, para Latino América, Chile aparece en el discurso como un país ejemplar y mal hermano. (Los capitales externos eran buenos y la bonanza de la privatización era próspera). En la actualidad la economía va a la baja. ¿Entonces que ocurrió? Ondas cortas y ondas largas, todo tiene sus altos y sus bajos, y junto a ello cuando el dinero escasea, lo positivo es que la memoria y otras características culturales afloran, el sesgo del dinero ya no alcanza para embobar así que hay mas tiempo de ocio, y cuando esto ocurre se comienzan a valorar todas aquellas características que se han perdido repentinamente y que a nadie le interesaron cuando había que conservarlas, sobre todo en aquellos momentos donde se iba todo a al tacho de la basura por dinero, a la mayoría no le interesó fortalecer otras áreas que no fuese solo la economía. El modelo se venía abajo y nos hicimos los lesos.

Entonces ¿Es legitimo elaborar una nueva constitución? Si claro, por supuesto, ¿por que? Porque queremos más dinero, queremos ser emprendedores, innovadores, los empresarios generan los espacios de investigación nacional y trabajan junto a los sindicatos, ademas somos honrados, nos queremos educar y deseamos aprender, somos buenos vecinos y solidarios, a nuestros niños les encana el colegio, los jóvenes entienden la política y los adultos comprenden su responsabilidad cívica. Permítanme reír, porque ese Chile lamentablemente no existe hoy. Tal vez en un par de décadas más, si es que partimos sacrificándonos hoy, leyendo, aprendiendo, juntándonos con nuestros vecinos, retomando la familia abandonada, no pegar codazos para ganar algún puesto en los trabajos, botar el éxito a la basura, ayudar al prójimo para que pueda llevar una mejor vida, formándonos como personas y no como entes de consumo, alienados y enajenados por el éxito, sin discriminación y racismo, etc., solo así entonces nos podemos hacer nuevamente la pregunta ¿Es legitimo elaborar una nueva constitución?, si claro, ¿es prudente o sensato hoy? no.

Porque ¿A quien le importa, que le importe la nueva constitución?, piense usted, ¿quién sabe lo que es la constitución?, mire a su alrededor, ¿quién la ha leído alguna vez?, ¿quién se interesa si quiera en cuestionar algún discurso político?, no hay que buscar tanto, nuevamente, mire a su alrededor, pida alguna opinión y se dará cuenta que no sabemos fundamentar, no sabemos siquiera establecer una conversación fluida sin pelear, no prestamos atención y lo mas probable que cuando oigamos la respuesta, escuchemos humo. Usted probablemente dirá -yo sí-, pues de eso se trata justamente, ¿usted y quién más?

Todo lo solido se desvanece en el aire. Marchall Berman

Hoy los vendedores de humo de la nueva constitución la presentan como el remedio inmediato a la enfermedad, la cura mágica para los problemas, si se afiebra por la delincuencia, nova constitucionil, si esta inflamado por desempleo, entonces constitucionil, para quitar el quiste del lucro, costitucionil universalis y de calidón.

Creer en que con una nueva constitución se solucionaran los problemas es una burla, es por ende vender humo a una ciudadanía dormida, que con suerte sabe opinar, que no le interesa participar políticamente. Podríamos hablar de movimientos sociales o organizaciones que dan cuenta de los problemas de arrastre, pero que porcentaje son de la totalidad, si ni siquiera sabemos cuantos millones de chilenos somos. (Para que vamos a hablar como se han estado haciendo los programas y políticas publicas en este gobierno si no tienen información de donde poner las fichas)

Si se pregunta, entonces ¿cuál es la salida si no es la nueva constitución?. Simple, mirada a largo plazo, sacrificio, voluntad, educación cívica, vivir en sociedad, para que en un par de décadas más, la ciudadanía con el tiempo comprenda y tome consciencia. Mientras tanto, los que vayan despertando desencadenen a los demás para ser actores sociales, participativos y activos, en las discusiones país con lo que ello implica y para cuando se hable de verdad de una nueva constitución, estemos preparados para el nuevo humo que nos venderán, y no caigamos como babosos ante las manos del discurso mercantil.

¿Se podrá? ¿difícil tarea cierto? más fácil comprar humo

Personas Referencias
Equipo Revista Piojo.cl Revisión: Equipo Revista Piojo.cl
Cristian Vásquez Diaz Edición @PiojoChile

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