Disciplina: Marcos invisibles que construyen lo “normal”

Disciplina: Marcos invisibles que construyen lo "normal"

Disciplina: Marcos invisibles que construyen lo "normal"

Una vez terminadas las fiestas de fin de año, se respira como un cierto aire de tranquilidad por las tareas cumplidas en el 2015.

Las personas tienden a relajarse, mucha se van de vacaciones en familia y otros emprenden travesías solos. La verdad es que nosotros no descansamos mucho. La sociedad y el comportamiento humano en general ofrece tantas aristas para reflexionar, ¿Un dodecaedro? ¡Más aristas!

La disciplina en este país es algo que me impresiona, como el paradigma del disciplinamiento ha penetrado tan profundamente en ciertas generaciones. Se puede entender más que un fenómeno aislado como un resultado de causalidad. Veamos, Chile es un país que siempre ha sido una colonia, primero española, luego política y hoy, una colonia económica. Desde esa mirada podemos ver que nunca hemos podido ser realmente libres, nunca hemos podido ser realmente chilenos. La libertad está en estado de veda de forma contante. No hablo de ir o venir, no hablo de pensar y hacer, hablo de ser.

Vivir fuera de los rangos considerados “normales”, ejemplo, una mujer que ha decidido no validarse como persona a través de la maternidad, recibe todo el peso histórico y patriarcal que lleva el discurso retrogrado de la mujer como matriz reproductora. Si una mujer prefiere dedicarse a ser y hacer lo que ella quiere, sin salirse del ordenamiento jurídico del país y tampoco romper con las convenciones sociales pactadas, recibirá todo el peso de la disciplina que indica que la mujer se valida trayendo hijos al mundo. Y por ende, tenemos el problema de la Ley de aborto, el amplio debate de la píldora del día después, ya que la disciplina devenida en política y transformada en un control del BIOS, así lo exige.

Veámoslo en el caso del trabajador independiente, el paradigma del trabajo clásico dictara disciplina sobre él, operara sobre la psiquis plantando una serie de dudas sobre su estilo de vida. Un estilo de vida que expresa en lo que ama, dice o respira. El paradigma clásico indica un horario de levantarse, un método de transporte, producción, almuerzo, producción y la salida de la fábrica[1]. Pues bien, un independiente no hace eso. El trabajador clásico ve de manera extraña la vida del independiente y piensa que debe intentar sumirlo en su manera de ver el trabajo. El independiente interpreta al trabajador clásico así: Levantarse temprano para tomar un transporte público caro y de mala calidad, viajes largos e incómodos. Llegar al trabajo, mantenerse tranquilo, simular que se trabaja, trabajar, sacar la vuelta. Salir almorzar, comer y pensar en estar en la casa, trabajar, meterse a Facebook, evadirse del lugar y retornar a casa a reponer fuerzas para volver a repetir un ejercicio rutinario y vaciador de sentido. El trabajador clásico interpreta al independiente así: ese wn no hace nada, debe dormir todo el día, ojalá se encuentre un trabajo de verdad.

Disciplinamiento incrustado en los huesos. Felicidades al Estado y su política educativa que uniforma a los niños como pequeños tecnócratas de terno y corbata, que obliga a los niños a pintar al interior de los círculos y si se salen, llama a sus padres, envía al psicólogo o les mete fármacos. Bravo por el Estado que obliga a los niños a cantar un himno que lo único que hace es recordar glorias de antaño y rememorar viejas disputas. Aplaudo de pie, me arden las manos tanto aplaudir.

Un Estado que te da 5 años de libertada en la Universidad y que fuera de ella apelará al condicionamiento de la edad escolar para que vuelvas a ser un hombre uniformado de pelo cortó y que realiza un trabajo monótono y que carece de creatividad. Ahora, si quieres creatividad, el Estado tiene sus estampitas de colores preferidas ¿quieres creatividad? Neruda viene volando sobre la infinita sumisión de las clases bajas. El Estado en su infinita bondad te entrega un Neruda de plástico u otro material reciclable, igual de reciclable que el simulacro democrático de las urnas.

El círculo está cerrado, no basta con la disciplina pública que ejerce el Estado a través de : medios de comunicación y actos supraculturales. El Estado tiene su propia GESTAPO,STASSI,KGB,CIA y cuanta basura represiva existe. La propia familia que critica una opción de vida por estar alejada de lo “normal”, por no pintar dentro del círculo, por no tener el pelo corto etc. Ese aparato represivo que se vuelca sobre los sentimientos, ese aparato normalizador del que nadie sospecha y esa forma de disciplina disfrazada con amor.

Despojémonos de la aberración de la disciplina, las mayores obras han sido realizadas fuera de la normalidad. El amor eterno es anormal, dar la vida por una causa es anormal, pensar en los demás es anormal, querer a los otros como te quieres a ti mismo, es anormal. O sea, todo lo anormal para mí, es lo bueno.

La continuidad tiene saltos, vivamos en el constante salto de la normalidad.

Personas Referencias
Mauricio González Seguel Periodista
@gmauricio554
Cristian Vásquez Diaz Edición @PiojoChile

Referencias

[1] https://www.youtube.com/watch?v=xxLGDF_121U

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