Farmacias populares: por ahora una ilusión

Farmacias populares: por ahora una ilusión

Farmacias populares: por ahora una ilusión

En forma sorpresiva surgió una farmacia popular en la Municipalidad de Recoleta. El alcalde de esta comuna obtuvo la aprobación del Instituto de Salud Pública, que es el organismo encargado del área correspondiente.

Esta autorización precisó las características y modalidad de funcionamiento de esta farmacia. En lo sustancial, la exigencia de un químico farmacéutico como director técnico, atención limitada solo a vecinos inscritos en registros de beneficio social y horarios acotados.

El hecho llamó de inmediato la atención de la opinión pública porque se presenta y presume como una solución a una necesidad claramente insatisfecha por el sistema vigente, que margina a la gente de un adecuado acceso a los medicamentos, en especial por los altos precios que ofrece el mercado.

Como ocurre con frecuencia, la percepción fue muy optimista y muchos celebraron que por fin llegaba una solución muy deseada y postergada. La realidad está demostrando que no será fácil lograr una buena concreción de esta iniciativa.

Este emprendimiento es digno de aplausos, pero la magnitud social del problema que pretende resolver exige un tratamiento más radical y trascendente. Por ello, el análisis de las realidades y contingencias que deberá enfrentar esta iniciativa exige a lo menos un trato muy prudente y realista. No se puede caer en cuentas alegres antes de tiempo.

Muchas otras municipalidades se han ido sumando y al momento en que hacemos este análisis ya son seis las que están en marcha y muchas otras en trámites avanzados para replicar la experiencia recoletana.

Hay quienes creen – entre ellos el autor de este análisis-  que tras estas iniciativas hay un componente electoral importante ante la proximidad de las elecciones municipales de fin de año. Podría haber entonces, una cierta cuota de demagogia. Sería fatal porque terminaría arruinando las expectativas de amplios sectores populares que han cifrado en estas farmacias  la solución de un problema que les aflige en forma muy directa.

Ya se han evidenciado los primeros problemas que afectan y seguirán afectando el funcionamiento de estas farmacias. Se han quejado que sus proveedores les están exigiendo precios superiores a aquellos que permitirían ofrecer a la población medicamentos a menor costo que en el mercado tradicional.

Este es el talón de Aquiles que puede impedir que esta iniciativa prospere. Las grandes empresas farmacéuticas tanto las que actúan en la producción como las que operan en la venta a público, tienen un control tan grande del mercado, que será imposible que otras modalidades ajenas al sistema imperante les puedan quebrar su esquema.

Cenabast (Central Nacional de Abastecimiento) abastece al sistema público de los medicamentos que requieren hospitales y consultorios y los precios que les ofrece son bajos porque esta entidad los obtiene desde los laboratorios a través de licitaciones públicas y grandes volúmenes.

En las farmacias populares en funcionamiento ha habido entregas de Cenabast en pequeñas cantidades y no tiene considerado -que se sepa- llegar a satisfacer todas sus demandas. De hecho, el número de medicamentos que estas farmacias están ofreciendo son muy menores –del orden de 300, se dice– cifra que comparada con la magnitud del arsenal terapéutico nacional es insignificante .

Es decir, están muy por debajo de lo que se conoce como “petitorio mínimo” que incluye aquellos medicamentos considerados imprescindibles para enfrentar las enfermedades de mayor prevalencia. En la cobertura que están ofreciendo las farmacias populares, están solo los medicamentos más comunes y no figuran aquellos destinados a patologías mayores que son de alto costo. En otras palabras, aún funcionando bien representan una solución muy parcial.

La solución que se requiere es mucho más profunda. Cenabast tendría que asumir un rol más amplio. Está entre sus facultades abastecer de medicamentos e incluso importar medicamentos cuando las circunstancias lo hagan aconsejable.

Todas las farmacias podrían ofrecer precios menores si Cenabast fuese su proveedor en reemplazo de los laboratorios y distribuidores. Con márgenes de utilidad prudentes podrían entregar una mejor atención a sus clientes, que de paso, por esta vía, se podrían convertir efectivamente en pacientes.

Para decirlo directamente, la solución está en fortalecer las farmacias independientes (más de 1.500 en el país) y meterle mano de una vez por todas a las farmacias de cadena, que operan de acuerdo a procedimientos lesivos para la salud pública.

Consultada la Contraloría General de la República sobre la validez de estas nuevas farmacias emitió un juicio muy claro. Deben ser concebidas como una extensión de la atención primaria en Salud encargada a los municipios. No tiene, entonces, sentido crear un sistema paralelo lleno de dificultades que además implica un costo difícil de financiar con los presupuestos municipales siempre escasos.

A propósito del fortalecimiento de las farmacias independientes conozco un caso de farmacia independiente que se puede usar como un buen paradigma. Me refiero a Farmacia Daniela que tiene un muy bien montado recetario magistral y una vasta experiencia en importación de fármacos receta médica mediante, para el tratamiento de enfermedades crónicas, catastróficas y raras.

 

Personas Referencias
Profesor Hernán Vergara Mardones Autor
Cristian Vásquez Diaz Edición @PiojoChile

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