Educación en Chile, dos corrientes históricas que construyen al ciudadano perfectamente funcional

Educación en Chile, dos corrientes históricas que construyen al ciudadano perfectamente funcional

Educación en Chile, dos corrientes históricas que construyen al ciudadano perfectamente funcional

La sociedad es una construcción que obliga a sus participantes a poner su fuerza vital en pos de la consecución de un objetivo.

El objetivo, me atrevo a plantear es un convivencia pacífica. Para lo anterior, el ser humano debe sacrificar su naturaleza salvaje e indómita.

El ser humano es una fuente de potencialidades positivas y negativas, creador y gran destructor al mismo tiempo. Un ser capaz del amor más profundo y de la ira más extrema. Capaz de sembrar grandes extensiones de tierra o regarlas con sal para que nada más pueda volver a crecer.

Es así como este animal salvaje, potencia sin riendas necesita ser gobernado para que la sociedad pueda avanzar. El ser humano necesita ser enrielado para la consecución del proyecto llamado sociedad.

Bajo esta perspectiva han surgido diferentes instituciones disciplinarias como la familia, escuela, psiquiátrico o cárcel. La función de estas instituciones es corregir o almacenar los cuerpos defectuosos. A aquellos cuerpos que no son aptos o que son disonantes a la vida social. Es así como en estos lugares encontramos locos, delincuentes o cuerpos nuevos.

En instituciones como la cárcel o el psiquiátrico la ortopedia es aplicada abiertamente, ya que el daño causado por los cuerpos dañados es abiertamente visible, por ende, la cárcel, más que el psiquiátrico; tiene una misión ejemplificadora. En estas instituciones el discurso ideológico y la realidad correcta abrazan y oprimen el cuerpo dañado, buscando con fuerza la corrección, sino se corrige, la misma fuerza puede hacer desaparecer el cuerpo.

La noción de la violencia funcional y visible es un arma utilizada y utilizable, pero lo mismo, la noción de violencia funcional e invisible. Aquella violencia, disfrazada de disciplina que opera en los confines más recónditos del ser humano. Aquella violencia que es igual o más ideológica que la que ejerce los centros de reclusión. Una disciplina violenta, que respira en el interior de instituciones de cariño como la familia e instituciones educativas como la escuela.

La escuela como base ha sido surcada por dos corrientes:

Modernidad Clásica: Tendencia marcada por la intención moralista de la religión católica. Su mayor fue Juan Amós Comenius. Su manual indicaba como disciplinar a un niño para convertirlo en un hombre provechoso para la sociedad.

Ser criatura racional es ser observador, denominador y clasificador de todas las cosas; esto es, conocer y poder nombrar cuanto encierra el mundo entero, como se dice en el Génesis 2:19[1]

Modernidad Liberal: Una idea que tiene como manual el de Jean Jacques Rosseau “Emilio, o De la educación” un libro escrito tipo novela que daba las directrices como formar al ciudadano del mañana. En él se pueden leer los siguientes axiomas para la educación del ser humano en estado natural

Amad la infancia; favoreced sus juegos, sus placeres, su instinto amable[2] -frase donde queda marcada la idea de hombre bueno por naturaleza-

He aquí la regla de la naturaleza ¿Por qué la contrariáis? ¿No veis que pensando corregirla destruís su obra”[3]

Dos corrientes que confluyen hoy en la manera de educar en Chile, por un lado la disciplina y orden del uniforme. Por otro lado la relación con el maestro. Una relación que el niño adscribe sin necesidad de expresar una voluntad escrita, mucho menos legalizada frente al notario.

El niño debe ser educado, el niño debe ser disciplinado, axiomas para Comenius. El niño debe ser protegido y es débil, leyes que prevalecen en el paradigma de Rosseau. Ambos ideas han construido hoy la escuela en Chile y tratados fantasmas como los que velan por los derechos del niño.

El niño es la primera zona de seguridad que construye el Estado. El menor es un bien preciado en cuando moldeable. El menor es deseado para poder edificar un ciudadano limpio, bueno, obediente y agradecido. El ciudadano ideal, ese que no imagina, el ciudadano ideal, ese que cree en el discurso ideológico, el ciudadano ideal ese que celebra fechas abstractas por mera repetición.

La educación de Moderna Clásica y la Liberal tiene puntos de unión y de choque. Pero amabas confluyen hoy en nuestra realidad. Ambas ideas de educación se disputan la patria potestad psicológica del niño. Ambas ideas nos traen reminiscencias a la guerra fría, ambas pelean por un territorio de influencia que se llama infancia y cuyo cuerpo concreto es el infante. Y, lo más, importante, las dos creen que el niño es una tabal raza que puedes ser rayada y configurada bajo las necesidades de la sociedad y patrones estéticos, históricos e identitarios que el Estado decida proveer.

Cada país es libre de enseñar como quiera, lo que me preocupa es que estemos usando una mezcla de dos modelos del siglo XVI y XIX. No culparé a los profesores por implementar los modelos, todos sabemos que el Estado sería incapaz de dejar al azar la educación de sus ciudadanos. El Estado, jamás le entregaría la capacidad de educar bajo sus parámetros a un profesor.

El Estado, nunca permitiría que la idea de nación y pasado en común sea dejada de lado. Ya que lo anterior, significaría la extinción del ente abstracto que hoy nos gobierna.

El Estado no permite que quienes estudiaron para educar a los niños puedan tener injerencia en el cómo y qué se va enseñar. Es mejor impartir desde los primeros años regímenes disciplinarios de gris imaginación. Patios de juegos uniformados con niños vestidos como pequeños tecnócratas y sonidos de timbre que indiquen cuando detenerse, cuando reírse y cuando salir para realmente empezar a vivir ¿Es la escuela la antesala a la fábrica o el primer pasó al psiquiátrico?

Personas Referencias
Mauricio González Seguel Periodista
@gmauricio554
Cristian Vásquez Diaz Edición @PiojoChile

Referencias

[1] Comenius, Amós. “Didáctica Magna”.
[2] Rosseau, Jacques. “Emilio, o De la educación”.
[3] Rosseau, Jacques. “Emilio, o De la educación”.

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