El vacío que dejó la reforma educacional

Esta demás decir que la educación es uno de los pilares fundamentales de una nación y no por menos para el resto del mundo.

De facto desde la constitución, pasando leyes y políticas públicas donde se agregan apostados y declaraciones de buenas intenciones, para que los soberanos cobijen sus derechos llevados a la práctica en una educación formal.

En Chile el ejercicio de proveer educación ha sido la práctica del discurso político para alcanzar el poder, sin embargo, existe una disonancia clara cuando se habla de brechas sociales, porque por un lado la élite ejerce un tipo de educación que forma a sus generaciones o hijos y por otra parte la gran porción de los ciudadanos que no forma parte de esa élite intenta que sus hijos opten a una supuesta “mejor educación”

Es sabido que las cúpulas de poder no mezclarán a sus hijos en una educación equitativa, vale decir, no cuando se trata de mantener el estatus quo o bien mantener la distancia respecto de quien tiene al toro por las astas.

Esto no es, por cierto, una discusión de izquierdas, derechas o centros, es la discusión de cómo opera el sistema para proteger el poder heredado.

Entonces ¿Que produjo la reforma educacional?

La tan esperada reforma educacional venia cubierta de dulces y chocolates, sollozante de nuevos aires y brisas refrescantes, con salvadores que como un burro rebuznaste venían a enarbolar las banderas cuasi de la libertad y los nuevos tiempos de la educación.

Pero al poco andar nos enteramos que esto no iba a suceder, sin ser pesimista ni negativista, las cúpulas de poder no iban a aceptar que las brechas educacionales fueran minimizadas y sirvieran a un pueblo hambriento de exacerbo de injusticias educaciones.

Recordemos en rasgos generales, que hace tres años atrás las familias tenían tres blancos para elegir la educación de sus hijos: La primera – Familias de alto estrato, que pagan grandes cantidades de dinero en escuelas privadas o especializadas del mundo ejecutivo y o empresarial, con el fin de continuar fomentando la acumulación de poder y aumentar la mezcla de las familias de la élite. La segunda – Familias de estrato medio o bajo ascendente que pretenden que sus hijos puedan estudiar, con un pago razonable y una cuotita más por parte del Estado. Y como tercero – El estrato más bajo donde las becas brillan y los colegios públicos esperan estirar el elástico de lo posible para apostar si el último estrato puede ascender a algo más, si es que el león de la selva no se lo come antes.

¿Y bueno que ocurrió?

El jamón del sándwich nuevamente afectado sin asco. El zarpazo de una inteligencia ejecutiva coercitiva para llevar a cabo la reforma, toma su espada samurái decapitando la posibilidad al estrato medio negándole una posibilidad mediata para optar con sus hijos a una “mejor educación”. De ellos hablo, de la supuesta “clase media” cuyo esfuerzo de sobrevivencia es sostener una injusta sociedad, por una parte, pagando todos los impuestos para no caer y por otro sirviéndoles a los de más arriba, algo así como sobrevivir en la tierra entre morir o vivir.

La reforma logra finalmente una estupidez descomunal, desaparecer del mapa la salida media, aquella posibilidad que, si bien no es la más justa, pero es la alcanzable para aspirar a algo mejor, que, como resultado de la implementación de parte de la reforma, termina arrancando de cuajo la posibilidad de aspiración desclasándola a un estrato bajo o a un endeudamiento forzado.

En términos simples y numéricos, antes, un colegio estaba del orden de los 50 a 100 mil pesos como particular subvencionado. Hoy o pagas cerca de los 200 mil o más o te vas a acampar un día antes para alcanzar un cupo para que tus hijos estudien. Esto sin siquiera pensar si está lejos o cerca de casa, sino en la voluntad y la esperanza que tiene una familia de esfuerzo para que pueda educar a sus hijos en una utópica y nuevamente “mejor educación”

Esta modificación al sistema educación polarizó la educación diciéndole a los ciudadanos – “si quieres educación paga y mucho más que antes o bien mantente alejado del poder.

Por consiguiente, una propuesta discriminadora que extiende las brechas sociales aún más de lo que ya están, pegándole con un palo en la cabeza a la “clase media” y a los pobres, y como piensa la élite “bueno los pobres o vulnerables no importan, total le damos más bonos, subsidios o más chocolates y dulces para que se queden tranquilos”.

Ciertamente una reforma educacional que actúa como el gatopardismo, aquella vieja conducta que bien sabe trabajar la cúpula de poder que dice “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. Pues funcionó, una modificación que solo empeoró la situación y que nadie se hace cargo, solo aquellos que pagan las consecuencias, porque si hablamos de aquellos que iban a salvar la educación y líderes de grandes marchas por el país, pues esos personajes hoy están en lo mismo que los demás, lavándose las manos y subiendo al poder como sanguijuelas, para hipotéticamente generar los grandes cambios que necesitaba la educación chilena.

Al final de los tiempos, burradas, pavadas, pelotudeces, imbecilidades y brutalidad, de un sistema que en tanto político no está sino para aspirar y mantener el poder de la élite histórica bicentenaria.

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Autor: Revista PiojoChile  piojo.cl
Equipo Revista Piojo.cl Revisión y Edición: Equipo Revista Piojo.cl

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