La mística de la unidad
Todos la piden. Todos la sueñan. Políticos unidos, trabajando por el bien común. Suena idílico, ¿verdad? Casi como un cuento de hadas. Pero la realidad es otra. Muy otra.
Cuando los vemos juntos, sonriendo, firmando acuerdos, ¿qué pensamos? ¿Que al fin maduraron? ¿Que escucharon a la gente? O quizás, ¿que hay algo más grande en juego? Algo que los une por sobre sus diferencias.
El pegamento invisible
A veces, la unidad surge ante una crisis. Una catástrofe. Un enemigo común. Eso es lo esperable. Lo humano. Pero otras veces, la unidad es forzada. Impuesta. Un pacto de no agresión.
Y aquí es donde la ironía golpea. La "unidad" de los políticos a menudo florece no para resolver problemas de la gente. Sino para protegerse a sí mismos. O a un sistema. Un sistema que les funciona muy bien.
"La unidad es maravillosa cuando sirve a los ideales. Terrible cuando solo sirve a los intereses."
¿Qué los une realmente?
¿Un amor desinteresado por el pueblo? Difícil de creer.¿Una visión compartida de futuro? Quizás. Pero ¿de qué futuro?¿O el pánico a perder sus privilegios? Esa sí que es una fuerza unificadora poderosa.La próxima vez que vea a "todos" los políticos juntos, preguntémonos: ¿contra quién están unidos? ¿O para qué? La respuesta puede ser más reveladora que la foto oficial. Dejemos eso picando.

Cuando la unidad aparece demasiado impecable, conviene mirar a quién deja tranquilo y a quién deja afuera.
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