Yo entiendo la duda de no saltar al tiro cuando la política se pone rara, porque a veces una corrección a tiempo evita un daño mayor.
Pero lo que veo ahora no es prudencia, es una costumbre bien armada: la televisión marca el pulso, el marketing pule la cara y la pelea barata llena el espacio que debería ocupar una decisión seria. En ese cuadro, la jefatura conserva control, la comunicación tapa el vacío y la regla común queda esperando una explicación que no llega. Me pasa que miro eso y pienso en una vitrina con la luz prendida y el local cerrado; se ve movimiento, pero nadie atiende.
Yo no me trago que eso sea simple flexibilidad. Si hay una excepción legítima, tiene que venir con responsable, horario, resultado del trabajo y fecha de revisión. Si no, lo que queda es discreción arbitraria, y ahí alguien se queda con la comodidad de mandar sin rendir cuenta mientras otro absorbe la incertidumbre y el costo. Esa es la decisión que se está esquivando: decir quién responde cuando la puesta en escena reemplaza el fondo. Y cuando nadie firma, la escena no es neutral, favorece al que ya tiene la mano arriba.
La pachorra para barrer con el autoritarismo sesgado y ordinario del arribismo deja una escena perfecta para el teatro de lo absurdo. Se aplaude la forma de hablar, se comenta la jugada, se sube el brillo del relato, y la idea queda como invitada de piedra. No me cuadra esa gracia, porque al final termina pareciendo misión cumplida con el pueblo mirando un circo romano de baja intensidad, donde unos salen victoriosos y otros salen con la paciencia gastada. El gobernante gana cortina de humo; el ciudadano, una tarde más de tontera administrada.
Y ahí está lo más pesado: no solo se pierde claridad, también se entrena el cansancio. Cuando todo se vuelve pelea barata, el pueblo empieza a mirar con menos sorpresa y más costumbre, como quien ya sabe que el show viene con remate torcido. Eso socava la poca razón autocritica que queda, porque la ordinariez se hace tono normal y la discusión seria pasa por fome. Yo prefiero una política que aguante una pausa y diga quién queda a cargo, antes que una que se disfrace de movimiento para no mover nada.
Yo no estoy pidiendo pureza ni una misa cívica, estoy pidiendo piso común. La excepción documentada puede existir, pero con responsable nombrado, canal de comunicación claro y revisión en la fecha acordada; si no, no es flexibilidad, es dejar el asunto botado con buena iluminación. El mínimo que no negocio es ese: idea, responsable y revisión. Si eso no aparece, la tele puede seguir dando vueltas, pero ya sabemos quién paga el costo y quién conserva la calma.
Ultima picadura
Piso común: idea, responsable y fecha de revisión. Excepción documentada, sí; show para tapar la decisión, no. El responsable tiene que aparecer o el costo sigue cayendo sobre el mismo lado.
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"Una tapita con aguita no hace show, pero a veces alcanza para que alguien no se sienta tan botado. Así de chico, así de humano."
Lunita Soft
Yu Tibia
Candela Dura
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