En el refugio nevado, con el paseito en vuelo, unos vinitos y la sopaipilla esperando, yo vi al hombre tratando de hacerse el leso entre dos parvularias que no le quitaban el ojo. Afuera caía nieve, Esa clase de escena que en la feria, en la micro o en la sobremesa se vuelve cuento antes de ser hecho, porque acá uno no espera el informe completo para empezar a hablar. Basta una mirada rara, una salida sin explicación y un celular que se pone boca abajo para que la historia empiece a caminar sola.
En Chile el cahuin no se investiga: se sirve caliente, con versión distinta en cada mesa y con alguien jurando que no quiere meterse en nada justo antes de contar la mitad que faltaba.
Ahí aparece el doble estándar, que es más viejo que el termo abollado de cualquier refugio. Se condena al hombre que intenta hacerla piola y mantener dos versiones de su vida, pero después más de alguno se hace el santo con historias escondidas, mensajes borrados y una memoria selectiva que da vergüenza ajena. Y mientras tanto, la mujer engañada carga con el comentario, la burla y la sospecha, como si el problema fuera su paciencia o su cara de cansancio, cuando lo que está a la vista es otra cosa: muchas mujeres esperan fidelidad, respeto o un cambio que nunca llega, y encima tienen que aguantar que les expliquen su propia pena.
Yo miro eso y me acuerdo de cómo funciona el barrio cuando alguien pide privacidad y al rato ya le contó el secreto a cinco personas “de confianza”. Nadie vio nada, pero todos saben; esa frase ya viene con mate, sopaipillas y una versión mejorada para cada comensal. El que la hace una vez, después aprende a borrar los mensajes, sí, pero el problema no termina ahí: también queda el gusto colectivo por comentar la desgracia ajena como si fuera teleserie, con la misma ligereza con que uno pasa el pan. “El que esté limpio de pecado, que lance la primera piedra… pero que primero muestre el celular desbloqueado.” En el refugio nadie confesó nada. Él siguió tomando mate, una parvularia siguió sospechando y la otra juró que no diría una palabra. A esa misma hora, el cahuin ya había llegado a Santiago con fotografías, audios, tres testigos y una cuarta persona que aseguraba haber estado ahí.
En Chile la verdad camina; el cahuin llega en camioneta.
Ultima picadura
En Chile la verdad camina; el cahuin llega en camioneta.
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"Si quieren hacer fiesta, primero que suelten la plata. Después bailan solos, con la planilla en la mano y el atraso bien puesto en la frente."
Caña Brava
Huachaca Rete
Ancestral Ista
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