Se viste el escenario. Se ordena la bandera. Se acomoda la sonrisa correcta. La cultura nacional entra limpia, planchada, sin polvo ni conflicto.
Todo parece muy auténtico mientras dura la música oficial. Después vuelven la prisa, la deuda, el olvido y la costumbre de usar la identidad como fondo de pantalla.
La viñeta no discute el folclor. Discute su administración. Esa manera tan eficiente de invocarlo para la ceremonia y dejarlo sin voz cuando la escena pide incomodidad.
Hay tradiciones que se honran. Y otras que simplemente se arriendan por evento.
Se prende una vela barata y listo: agarrar el escenario sin guantes, aplicar una regla fea: hacerla desmontar su propio decorado después del aplauso, y dejar una silla reservada para los ausentes de guardia. La magia no existe, pero la vergüenza a veces trabaja.

Se prende una vela barata y listo: agarrar el escenario sin guantes, aplicar una regla fea: hacerla desmontar su propio decorado después del aplauso, y dejar una silla reservada para los ausentes de guardia. La magia no existe, pero la vergüenza a veces trabaja.
Deja tu comentario
Tu comentario se guarda con tu correo, pasa por captcha y queda visible solo después de aprobación.





Todavía no hay comentarios aprobados en esta pieza.