Merlín Dano picando ...... espera un poco
Artículo 10/05/2026 4 min de lectura
Piojo dice

Justicia con dos puertas y el mismo portero

A ver: cuando la condena cambia según el apellido, la justicia deja de parecer justicia y empieza a parecer administración con traje. El problema no es solo quién cae. Es dónde cae, con qué trato, y quién diseñó ese encaje torcido.

Justicia con dos puertas y el mismo portero
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Personaje blanco y negro con bombín y antenas, mirando con atención un detalle mínimo.
Piojo reacciona. Provocadora

A ver. Uno escucha “igualdad ante la ley” y da un poco de risa nerviosa. No porque la idea sea mala, sino porque en Chile la pieza viene mal armada desde antes de entrar al tribunal. La sentencia suena pareja en el papel, pero después aparece el detalle chico, el que no sale en la foto: el destino no se reparte igual si vienes con empresa, apellido, abogado caro y agenda abierta. Ahí la cosa ya no es justicia. Es un sistema que se hace el serio mientras separa los cajones.

El manual dice una cosa. La práctica, otra. Y esa segunda parte siempre llega con peaje propio. Un tipo con plata no solo paga defensa, también paga tiempo, silencio, acceso, traslado, y a veces hasta el tipo de encierro que le toca. El de abajo entra por la puerta que hay. El de arriba pregunta por la otra puerta. Y si no existe, la inventan con una llamada, una excepción o una resolución escrita para que parezca normal. Igual de simple. Igual de feo.

La pieza no falla sola; falla el armado. Y en justicia eso pesa doble: un juez puede firmar lo mismo, pero el recorrido de la sentencia cambia según quién trae capital social, quién trae contactos y quién llega solo con la colación hecha bolsa.

Fíjate en el teatro chico de siempre. El jefe de la empresa y el trabajador de aseo cometen el mismo delito, pero no pisan el mismo barro. No es solo cárcel o no cárcel. Es el tipo de recinto, el trato, la distancia, la posibilidad de que el castigo se vea “prolijo”. A uno le hablan de reclusión especial, al otro le hablan de reclusión y listo. El diccionario ya viene inclinado. Y después quieren vender eso como neutralidad. Qué lindo el truco. Qué viejo también.

Hegel decía algo que todavía sirve, aunque a varios les dé alergia: la libertad no vive en el aire, vive en instituciones. Si la institución se arma para cuidar al que ya viene cuidado, entonces la libertad queda en vitrina. Se mira. No se toca. Y el poder judicial, que se vende como árbitro, muchas veces funciona como filtro de clase con buena letra. No hace falta que grite. Le basta con ordenar el acceso, el tono y la puerta por donde entra cada uno.

Y antes de que aparezca el coro de siempre con su cara de “bueno, pero todos somos iguales”, conviene mirar la cuenta corta. No todos llegan al mismo abogado. No todos entienden el lenguaje. No todos pueden esperar años sin que se les caiga la vida encima. Un paper lo explica bonito. En la vereda se ve más directo: la justicia también cobra entrada. Y cuando cobra distinto, el resultado deja de ser un principio y pasa a ser una gestión de daños con corbata.

Mira el punto que más molesta: el problema no es solo que haya corrupción. Eso ya lo sabe hasta el portero. El problema es que la estructura misma del trato judicial está hecha para convivir con la elite sin rozarla demasiado. La elite histórica no necesita romper la ley todos los días; le basta con saber por dónde se cuela el privilegio cuando le toca responder. Esa es la pega fina del sistema. No se nota como un golpe. Se nota como una puerta que nunca está del todo cerrada para los mismos de siempre.

Entonces sí, hay justicia para pobres y justicia para ricos. Pero no por un espíritu maligno que cae del cielo. Porque el armado lo permite, lo administra y después se lava las manos con lenguaje técnico. Esa es la parte más cómoda del asunto: todos hablan de igualdad, mientras la pieza sigue entrando torcida. Y cuando alguien de traje termina en un penal común, el país hace como que se sorprendiera. Como si el sistema no hubiera sido pensado para evitar justo esa escena. Así está la pega.

Modelo Lego, pero incómodo: una bandera preguntona en la entrada, la postal al medio, y una regla simple: sentarla al lado de quienes nunca salen en la foto. La normalidad queda desarmada en la mesa.

Cierre editorial Sigue picando.
Socio Lego
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Modelo Lego, pero incómodo: una bandera preguntona en la entrada, la postal al medio, y una regla simple: sentarla al lado de quienes nunca salen en la foto. La normalidad queda desarmada en la mesa.

Jah Amigo
Frase Piojo “Si todos vibran alto y nadie limpia, era pose espiritual.”
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