Resusi Tao picando ...... espera un poco
Artículo 08/05/2026 4 min de lectura
Piojo dice

La ciencia no está cara. Caro es fingir que no importa

En Chile se repite el cuento del emprendimiento, pero se compra poco cerebro propio y mucho producto armado. Después preguntan por qué el país ejecuta bien y piensa poco. La respuesta no era el problema. Era el síntoma.

La ciencia no está cara. Caro es fingir que no importa
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Siko Test
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Bro Mas
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Doc Tore
Doc Tore
Personaje blanco y negro con bombín, mirada desafiante y gesto irónico sutil.
Piojo reacciona. Ojo, acá no falta discurso. Falta decisión y plata donde duele.

Ojo con esto: cada cierto tiempo alguien descubre, con cara de hallazgo, que se gasta mucho en ciencia e investigación para terminar con un libro estampado y una foto de acto. Qué sorpresa. Qué archivo tan profundo. Qué procedimiento tan fino para esconder la evidencia.

Lo que molesta no es solo el libro. Es el montaje. Porque acá se habla de innovación como si fuera una colación que llega sola, en bandeja, cuando hay discurso electoral. Mientras tanto, el empresario quiere la pieza lista, el producto armado, la especialización importada y el trabajo local reducido a ejecutar. Hacer. Cortar. Enviar. Callar. Y después levantar la mano para pedir “más valor agregado”. Claro. Con una oficina vacía de formación y una mente que no quiere pagar el registro completo, pero sí el titular.

Ahí aparece el test real. No el que hacen en campaña, sino el que deja ver conducta. Si un país subcontrata hasta la idea, no tiene un problema de talento aislado. Tiene un patrón. Si los fondos públicos para ciencia son pocos y encima se los gana siempre la lotería del poder, no estamos frente a una falla simpática. Estamos frente a una forma de ordenar el país. Uno pregunta por incubadoras y le responden con discursos. Pregunta por laboratorios y le ofrecen un seminario. Pregunta por formación y le venden una foto con casco blanco. Es bastante cómodo hacer política de innovación sin innovar nada.

Doc Tore diría que eso no es casualidad, es patrón. Y sí, lo es. La estructura queda simple: se premia la salida rápida, se castiga la espera que exige investigación, y luego se finge sorpresa porque el científico se va. Se va por plata, por futuro, por dignidad profesional, por no pasar años pidiendo permiso para comprar una herramienta. Pero el país prefiere la versión limpia: “fuga de cerebros”. Qué delicadeza. Suena casi elegante. No dice que acá se empuja gente preparada a mirar otros países mientras aquí seguimos aplaudiendo la maqueta.

Y lo mejor, si uno quiere reírse poco, llega en elecciones. Aparecen tecnócratas con la misma frase reciclada: más emprendimiento, más innovación, más futuro. Ya. ¿Y dónde estaba antes esa preocupación? ¿En la oficina, en el presupuesto o en la servilleta del café? Porque el discurso es barato cuando no toca estructura. Ahí cualquiera habla de “ecosistema”, palabra que sirve mucho para sonar serio y poco para abrir una plaza de investigación que funcione. Es el viejo truco: prometer desarrollo con la mano metida en el bolsillo ajeno.

Bro Mas lo bajaría más simple: si el negocio está en comprar afuera y subcontratar adentro, no hay mucho misterio. El incentivo está torcido. Y cuando el incentivo está torcido, la pega termina siendo la misma de siempre: nosotros ponemos la espalda, otros ponen la firma. Después vienen a contar que Chile “no se atreve”. No. Chile sí se atreve. Se atreve a repetir el libreto de siempre y llamarlo prudencia. Se atreve a pedir resultados sin bancarse el costo de producir conocimiento. Así cualquiera parece eficiente.

Mariana Mazzucato lo ha dicho hasta el cansancio, pero aquí conviene repetirlo sin ceremonia: la innovación no cae del cielo ni nace en la foto del emprendedor con café de especialidad. Alguien invierte antes, sostiene después, absorbe el riesgo y espera más que un trimestre. El Estado suele estar ahí, aunque el relato lo esconda. Y cuando no está, o llega chico, o llega tarde, el país queda haciendo de taller barato para ideas de otros. La versión local del progreso es servir el plato y luego preguntar por qué no alcanzó para cenar.

Lo raro es que después se habla de “país desarrollado” como si fuera una opinión linda. No es una opinión. Es una decisión larga. Los países que entendieron esto hace rato no aman la ciencia por decoración. La usan para mandar, para negociar, para no depender tanto de la compra fácil. Aquí seguimos a medio camino, con el registro mal tomado y la pregunta mal puesta. La respuesta no era el problema. Era el síntoma. Y el síntoma era querer quedar como moderno sin hacerse cargo de pensar.

La sesión termina con tarea: menos panel y más objeto ridículo: un megáfono con pilas malas. Su única pega: cobrarle arriendo por cada minuto de solemnidad. Si se resiste, otra sesión y sin café.

Cierre editorial Sigue picando.
Siko Test
Cierre editorial de Siko Test

La sesión termina con tarea: menos panel y más objeto ridículo: un megáfono con pilas malas. Su única pega: cobrarle arriendo por cada minuto de solemnidad. Si se resiste, otra sesión y sin café.

Eco Longista
Frase Piojo “Eso es lo que hay: si escuela, salud y calle siguen esperando, la cuenta pública solo ordena el papel. Y ya po, el barrio lo sabe antes que la tarima.”
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