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Más reja, menos barrio

En las poblaciones se llenan de portones y rejas. Dicen que es por seguridad. Pero la calle sigue igual de sola, y el miedo solo cambió de lado.

Más reja, menos barrio
Creado por Jhoni Estuco Jhoni Estuco

En la obra uno aprende rápido una cosa: si algo se pone difícil, alguien siempre vende una solución chica y cara. En la población pasa lo mismo. Aparece una reja, después un portón, después otro cierre más alto. Y lo llaman seguridad, con cara de trámite bien hecho.

Yo no discuto que la gente tenga miedo. Lo veo todos los días. La señora que no duerme porque entraron a robar. El vecino que ya no deja la bici afuera. El cabro que aprendió a mirar la calle antes de salir. Eso existe. No es invento. Pero una cosa es cuidarse y otra muy distinta es convertir el pasaje en un lugar donde todos se miran desde adentro, como si la paz viniera por apretar el fierro.

El problema es que la reja da una sensación rápida. Se ve. Se toca. Se cobra. Y ahí queda. El portón no arregla la plaza oscura. No pone luz donde falta. No saca al lanza si la esquina sigue botada. No ayuda si el pasaje se llena de pasadas raras porque no hay presencia, no hay pega, no hay vida común. Pero claro, eso ya es más caro y más lento. La reja, en cambio, sale antes y da foto.

Hay algo bien chileno en esta costumbre. Cuando falla lo básico, se ordena el borde. Cuando no alcanza para más barrio, se cierra el acceso. Cuando el Estado no llega fino, la población paga el cierre por su cuenta. Y después nos preguntamos por qué cada pasaje se parece menos a un lugar para vivir y más a un lugar para resistir. Todo muy prolijo. Muy seguro en el papel. Muy solo en la práctica.

También hay que decirlo: la reja no cae parejo. En algunas partes es un gasto que se celebra como cuidado. En otras, es una obligación con miedo de fondo. Misma pieza, distinto trato. Igual que siempre. Los que tienen plata compran resguardo y lo llaman criterio. Los otros juntan peso por peso y ponen la esperanza en un candado. Y si igual entra el problema, nadie responde por la cuenta.

La seguridad real no se nota tanto cuando funciona. No tiene tanto adorno. Se parece más a presencia, a luz, a transporte que pase, a espacios donde la gente no quede sola con su susto. Eso no vende tanto como un portón nuevo. Y por eso mismo se sigue postergando. Porque arreglar de verdad exige mirar más arriba del cierre y más lejos que el miedo del día.

Mientras tanto, la población se va llenando de límites. Uno para entrar. Otro para salir. Otro para cuidarse del vecino. Y el negocio de la seguridad sigue creciendo, aunque la sensación de vivir tranquilos no aparezca ni por si acaso. El portón puede cerrar el paso, pero no arregla la vida que quedó adentro.

Con herramienta, no con frase: poner la patrulla discursiva en la vereda, ponerle luz donde antes puso estadísticas, y no soltarlo hasta que el informe deje de hacerse paisaje. El casco no salva discursos huecos.

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Ultima picadura

Con herramienta, no con frase: poner la patrulla discursiva en la vereda, ponerle luz donde antes puso estadísticas, y no soltarlo hasta que el informe deje de hacerse paisaje. El casco no salva discursos huecos.

Aurea Boreal

"Si para devolver una vida hay que peinarle la pena como catálogo, algo se perdió antes de llegar a la galería."

Aurea Boreal
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Norbert Lechner
ciencia políticaNorbert Lechner

Clave para pensar cómo el miedo, la incertidumbre y el deseo de orden organizan la vida política chilena. Intelectual clave para pensar cómo el miedo, la incertidumbre y el deseo de orden organizan la vida política chilena y sus formas de legitimidad. Sus textos sirven para leer la subjetividad política, las tensiones entre democracia y orden, y los afectos que sostienen o erosionan la convivencia pública. En la revista puede usarse como base para abordar cultura política, transición, crisis de sentido y los modos en que se construye el vínculo entre ciudadanía e իշխանidad.

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Saskia Sassen
sociologíaSaskia Sassen

Sirve para leer ciudades caras, expulsión silenciosa y mercados urbanos que administran quién puede quedarse. Saskia Sassen es una socióloga clave para entender cómo la globalización reorganiza las ciudades, el trabajo y la vida cotidiana. Su obra sirve para leer ciudades caras, expulsión silenciosa y mercados urbanos que administran quién puede quedarse, quién es desplazado y bajo qué condiciones. En la revista puede usarse para abordar vivienda, precarización urbana, desigualdad territorial, finanzas y las nuevas formas de exclusión que se producen en el espacio urbano.

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