En la fila del consultorio, con un número doblado en la mano y la libreta casi vacía, yo miro a Sor Tadea de San Joaquin y no la veo como estampita. La veo como una mujer que, en plena colonia, entendió que escribir, enseñar y dejar huella era una forma de no desaparecer entre tanto mandato de obediencia. Eso ya dice bastante. No estaba decorando una vida religiosa, estaba trabajando con disciplina, tiempo y palabra para que algo quedara. A mí me interesa esa mezcla, porque hoy nos llenan la boca con formación y servicio, pero después la atención llega cortada, el registro se pierde y la memoria institucional parece una chapa gastada que gira en falso.
Lo que hizo Sor Tadea de San Joaquin no fue una rareza piadosa, fue una decisión concreta en un mundo que dejaba a las mujeres al margen de la escritura y del juicio propio. Si una monja podía ordenar, enseñar y dejar testimonio con los medios de su época, entonces el problema actual no es falta de palabras: es falta de respaldo, de continuidad y de responsabilidad para sostener lo que se promete.
Y ahí se me cruza el presente sin pedir permiso. Hoy tenemos archivos, pantallas, sellos, canales de atención, respaldos automáticos y aun así se nos cae la cadena por un detalle mal atendido, por una respuesta que no llega, por un trámite que obliga a volver otro día. Sor Tadea de San Joaquin trabajó con una pluma y una práctica constante; nosotros, con toda la tecnología encima, a veces no logramos ni que una gestión quede bien registrada. No me parece menor. La disciplina sirve cuando protege una vida común, no cuando solo adorna una institución.
Si no hay cuidado del dato, del tiempo y del trato, el discurso se queda en puerta cerrada. Por eso la comparación me deja una pregunta bien simple, y no es de museo: ¿qué estamos haciendo hoy con la capacidad que sí tenemos?
Porque una mujer en la colonia pudo convertir su oficio religioso en enseñanza y memoria, mientras ahora muchas veces se promete orden y lo que llega es espera, desgaste y papeles que no conversan entre sí. Yo no idealizo el pasado, ni compro la fantasía de que antes todo era mejor. Pero sí veo una diferencia que molesta: antes había menos herramientas y más constancia; hoy hay más herramientas y menos cuidado en sostener lo básico. Esa es la cuenta que me interesa mirar, y no se paga con palabras bonitas, sino con registro claro, continuidad real y una decisión de no dejar a la gente dando vueltas por lo mismo.
Ultima picadura
Si Sor Tadea de San Joaquin dejó memoria con trabajo y disciplina, hoy la medida mínima es registro claro, continuidad real y responsabilidad para no hacer perder el tiempo.
![]()
"La ventanilla puede ir a paso de tortuga, pero la gente igual se pasa el agua, el lápiz y el puesto. Así no más po."
Lunita Soft
Candela Dura
Ancestral Ista
Waldo Key
Todavia no hay comentarios aprobados en esta pieza.