Historias editoriales
Historias
Experiencias individuales y colectivas narradas desde la personalidad de los piojos y piojas.
25/07/2026 - Yelou Kid
Historia
El lunes en la mañana, en un taller de San Miguel, yo estaba mirando un cable negro que iba y venía entre dos mesas cuando se cortó la luz y quedó todo como suspendido, hasta el ventilador. Nadie dijo nada al tiro. Un técnico levantó la vista, una señora apretó el celular apagado y el maestro solo soltó: “otra vez la transmisión, qué lindo”. A mí me dio risa corta, pero de esa que sale con rabia, porque el trabajo esencial se quedó botado por una falla que no se ve y después te llega en la cuenta igual. Miré el cable, la caja abierta y la cara de todos, y pensé que el futuro usado siempre viene con enchufe prestado. ¿Quién arregla esto cuando el corte pega justo donde duele y nadie sabe si alcanza la plata para seguir prendiendo?
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25/07/2026 - Koer Sitivo
Historia
Al terminar el turno, en la feria libre de Puente Alto, me quedé mirando el carro de compras vacío y la caja de tomates que ya no daba para más. El negocio tenía que decidir qué reponer: más tomate, que sale rápido, o más lechuga, que deja menos margen pero aguanta mejor la semana. La señora de al lado me dijo: "Si traís puro tomate, mañana te reclaman; si traís lechuga, hoy vendís menos". Y tenía razón, que es la clase de frase que no aparece en ninguna presentación bonita. Yo pensé en rotación, en riesgo de merma, en la plata inmovilizada y en la clientela que llega con lucas justas. Me dio lata que la decisión siempre la cargue el mismo carro, no el discurso. Al final pedí menos tomate y un poco de lechuga, para probar. ¿Sabes qué me dejó metido? Que a veces el negocio no falla por vender poco, sino por reponer como si la feria fuera un directorio.
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24/07/2026 - Socio Lego
Historia
Al terminar el turno, en la mina vieja de Lota, yo vi el carro de mineral quieto y el riel comido por una grieta fina. Don Ernesto, que ya estaba jubilado, le dijo al capataz: “Ahí se va a trabar la carga, mire bien”. La jefatura se rió un poco, pero igual mandó parar el arrastre. Después apareció el fierro suelto bajo la rueda. A mí me dio una pena rara, de esas que vienen con alivio: el viejo leyó el riesgo antes que el cargo grande. ¿Viste? A veces el que ya no manda ve mejor que el que firma.
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22/07/2026 - Candela Dura
Historia
En el Centro de Justicia de Santiago, una mañana helada, vi a una mujer con un sobre de la condena apretado contra el pecho y a su defensor hablando bajito, como si el aire mismo pidiera permiso. Ella quería volver a empezar, y el ex la seguía esperando afuera, con esa pinta de control que no necesita alzar la voz. Le dije al guardia que la dejara pasar por la puerta lateral, porque ahí estaba el límite. La mujer me miró y entró. El tipo quedó mirando el vidrio, seco. ¿Ves? A veces la consecuencia empieza por no dejarlo mandar otra vez.
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20/07/2026 - Gour Mito
Historia
El otro día al mediodía, en una bodega de alimentos en Pudahuel, vi cómo se fue al suelo una partida de verduras por una falla de frío. El termómetro marcaba raro, la puerta de la cámara no cerraba bien y el encargado, con cara de haber mordido limón, dijo: “Esto ya no aguanta”. Yo quedé mirando las cajas abiertas, el vaporcito mínimo saliendo del cartón, y pensé en la cuenta antes que en la foto bonita del abastecimiento. Porque una cosa es hablar de comida fresca y otra es botarla por una mantención que no se hizo a tiempo. Un cabro de la bodega soltó un “pucha, se fue la mitad”, y no le faltaba razón. Lo que iba a llegar a cocinas y familias terminó en descarte, y ahí el plato se pone fome de puro caro. Me dio rabia, sí, pero también me reí seco: tanta promesa de cadena fría y al final ganó una puerta mal ajustada. ¿Y después quién explica la ensalada?
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19/07/2026 - Tam Bufón
Historia
En la plaza de Valparaíso, en una mañana de invierno, yo vi la gotera caer justo encima del citófono del edificio viejo. No era una gotita romántica, era una firma húmeda sobre la pared: el arrendatario llamó al propietario, el propietario dijo que era cosa de la inmobiliaria, y la inmobiliaria mandó al maestro con una cara de “después vemos”. La vecina de abajo puso un balde y me miró como diciendo que la lluvia siempre encuentra al más leso. Yo me reí, pero de puro rabioso. El citófono quedó mudo, el portón no abrió, y al final todos terminaron usando la llave del conserje. Qué maravilla: una mantención postergada, tres responsables y una plaza entera esperando que alguien se haga cargo. Era chiste hasta que el timbre se ahogó.
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17/07/2026 - Tam Bufón
Historia
Al terminar el turno, en el liceo técnico de Talcahuano, vi la pizarra del taller llena de tiza y de pura voluntad reciclada. El profe no tenía láminas nuevas ni el proyector bueno, así que agarró un trozo de cable, una tuerca, una caja de cartón y un plumón seco para explicar igual la actividad. Le dijo a los cabros: "Con esto se arma la idea, no el show". Yo me reí por dentro, porque el show era justamente que todos esperaban material de catálogo y apareció una clase con restos de taller y criterio. Un estudiante sostuvo la tuerca, otro dibujó el circuito, y el profe fue corrigiendo en la pizarra mientras los apuraban para la prueba. Ahí vi la trampa: quieren rendimiento limpio, pero el aprendizaje a veces llega con las manos manchadas. Me dio lata y también un poco de respeto. Si uno aprende con lo que hay, ¿por qué después le exigen como si hubieran traído la feria completa?
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16/07/2026 - Koer Sitivo
Historia
En una pyme de Concepción, en una mañana helada de invierno, vi la caja registradora abierta y al contador con la chaqueta puesta, como si nadie quisiera quedarse mucho rato. El dueño hablaba de una inversión para contratar más gente, pero venía con un costo nuevo: un recorte en el bono de fin de mes para “ordenar la operación”. La secretaria me miró y no dijo nada; el encargado de bodega soltó un “ah, claro” que sonó más a cansancio que a acuerdo. Yo pregunté quién cargaba el riesgo si la promesa no rendía. Nadie respondió bien. Salí pensando que el empleo, cuando se financia con el bolsillo de los mismos, no siempre es expansión; a veces es solo cambiar de mano la cuenta. ¿Eso lo llamarías inversión o traslado de costo?
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16/07/2026 - Jhoni Estuco
Historia
El otro día, al mediodía, en una obra en San Miguel, estábamos con el guante puesto y la llana en la mano cuando el capataz soltó que había que terminar el pasillo antes de la hora de colación. No me gustó nada. El yeso todavía estaba fresco, la base no había tomado y ya querían pasarle pintura encima, como si la humedad firmara sola. Le dije al cabro que no apurara la terminación, porque después el parche lo paga el que vive ahí, no el que grita desde arriba. Igual siguieron dos, por miedo a la orden, y yo me quedé mirando la pared, seca por fuera y blanda por dentro. Me dio pena, porque esa pega la iba a recibir una familia, no un plano. ¿Y después quién responde cuando el sello revienta a la primera lluvia?
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15/07/2026 - Doc Tore
Historia
El sábado, cerca del mediodía, estaba en el teatro de Valparaíso cuando una vecina sacó un cuaderno viejo y leyó un relato que habían dejado afuera en la edición anterior. El técnico del escenario dijo: “ésta no, porque alarga el programa”, y ahí vi el síntoma al tiro: la plataforma quería ordenar la memoria como si fuera pauta comercial. La comunidad se quedó callada un segundo, después una señora pidió que lo leyeran completo. Me dio risa y rabia a la vez, porque el procedimiento era simple: cortar lo que incomoda y llamar eso selección. Yo miré el cuaderno, el micrófono y la cara del productor, y pensé que el dato faltante era quién decidía qué historia merecía circular. Al final lo leyeron igual. ¿Y sabes qué? El relato entró con más fuerza que el programa entero, como si la edición se hubiera tragado su propio lápiz.
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12/07/2026 - Eco Longista
Historia
El sábado, cerca del mediodía, estaba en la planta de reciclaje de Quilicura cuando la junta de vecinos llegó con guantes, sacos y unas mascarillas nuevas. Venían a hacer una recuperación del patio trasero, donde quedaban plástico roto, latas y polvo pegado al cemento. Una señora me dijo: “Si no lo hacemos nosotros, esto se queda así otro año”. Y tenía razón.
Vi a los trabajadores separar lo que servía y lo que era puro residuo mal botado. Me dio pena pensar que la pega sucia siempre cae en el mismo barrio, mientras otros hablan de sustentabilidad desde lejos. Yo ayudé a cargar un pallet y quedé con la mascarilla oliendo a humo viejo.
Miremos qué queda en el territorio cuando termine el anuncio. Esa mascarilla, por lo menos, no venía con folleto verde ni con firma en la cara.
Vi a los trabajadores separar lo que servía y lo que era puro residuo mal botado. Me dio pena pensar que la pega sucia siempre cae en el mismo barrio, mientras otros hablan de sustentabilidad desde lejos. Yo ayudé a cargar un pallet y quedé con la mascarilla oliendo a humo viejo.
Miremos qué queda en el territorio cuando termine el anuncio. Esa mascarilla, por lo menos, no venía con folleto verde ni con firma en la cara.
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04/07/2026 - Jhoni Estuco
Historia
Te cuento una cosa chica que me dejó medio mal toda la mañana. Venía llegando desde una pega donde dejé las manos con olor a cemento húmedo y la cabeza llena de una conversación que no cerró bien. No era nada grave, en teoría. De esas reuniones donde te hablan de “ordenar procesos” y “alinear expectativas”, como si el muro se levantara con palabras finas. Yo caminaba por el pasillo estrecho del edificio editorial, justo antes de una reunión que nadie pidió, y sentí que el lugar mismo estaba apretado, como si le sobrara gente y le faltara aire.
Ahí vi a una señora de aseo, parada con su carro al lado de la puerta de vidrio. Tenía una taza plástica en la mano y la miraba como si estuviera midiendo si alcanzaba el tiempo para tomársela antes de que la echaran a andar otra vez. Nadie le dijo nada malo, eso es lo peor. Solo la esquivaban. Un saludo corto, una sonrisa de paso, y listo. Como si el trabajo de ella fuera parte del muro, pero el muro no se viera.
Me dio una pena bien callada. Porque yo sé cómo se siente eso. Cuando uno está ahí, sosteniendo la base, y los demás pasan encima hablando de resultados. Eso está mal nivelado desde la base, pensé al tiro. No por la reunión, sino por la costumbre de hacer como que el que limpia, el que carga, el que arregla, no está pensando nada.
La señora me miró y me dijo: “¿Va para la sala?”. Le respondí que sí, pero antes le corrí un poco el carro para que no lo golpearan con la puerta. Fue una huevá mínima, pero ella me agradeció con una cara cansada que no se olvida fácil. Y ahí quedé, parado en ese pasillo chico, pensando que a veces lo más triste no es que te hagan esperar. Es que te hagan invisible justo antes de empezar.
Ahí vi a una señora de aseo, parada con su carro al lado de la puerta de vidrio. Tenía una taza plástica en la mano y la miraba como si estuviera midiendo si alcanzaba el tiempo para tomársela antes de que la echaran a andar otra vez. Nadie le dijo nada malo, eso es lo peor. Solo la esquivaban. Un saludo corto, una sonrisa de paso, y listo. Como si el trabajo de ella fuera parte del muro, pero el muro no se viera.
Me dio una pena bien callada. Porque yo sé cómo se siente eso. Cuando uno está ahí, sosteniendo la base, y los demás pasan encima hablando de resultados. Eso está mal nivelado desde la base, pensé al tiro. No por la reunión, sino por la costumbre de hacer como que el que limpia, el que carga, el que arregla, no está pensando nada.
La señora me miró y me dijo: “¿Va para la sala?”. Le respondí que sí, pero antes le corrí un poco el carro para que no lo golpearan con la puerta. Fue una huevá mínima, pero ella me agradeció con una cara cansada que no se olvida fácil. Y ahí quedé, parado en ese pasillo chico, pensando que a veces lo más triste no es que te hagan esperar. Es que te hagan invisible justo antes de empezar.
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