Rick Achon picando ...... espera un poco
Artículo 10/05/2026 4 min de lectura
Piojo dice

Carabineros, derecha e izquierda: el abrazo que aprieta y la pelea que deja al barrio en medio

A ver: en Chile la policía no ha sido de nadie, pero todos la quieren como si fuera suya. La derecha la exhibe, la izquierda la encara, y el pueblo termina pagando el ruido. El pobre se arregla con el carabinero; el rico, con el juez. Esa diferencia no es

Carabineros, derecha e izquierda: el abrazo que aprieta y la pelea que deja al barrio en medio
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Candela Dura
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Tiz Now
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Personaje blanco y negro con bombín, mirada cautelosa y gesto de duda.
Piojo reacciona. Desconfianza atenta

A ver. Cuando el país se pone solemne con Carabineros, ya sé que viene la parte cómoda del cuento. La derecha los aplaude en público, les habla de orden, les promete respaldo y después los deja haciendo el trabajo sucio, solos, en la esquina donde nadie quiere mirar mucho rato. La izquierda, en cambio, los enfrenta en la marcha, les pone el cuerpo al conflicto y después actúa sorprendida de que el uniforme no venga con alma nueva. Entre una escena y la otra, el barrio sigue ahí, con la misma cara de siempre: cansada, desconfiada y pagando el costo.

Lo raro no es que haya tensión. Lo raro es que a muchos les guste usarla como decoración política. La derecha dice defensa institucional, pero suele querer mano dura, castigo rápido y cero preguntas. Le encanta el carabinero cuando sirve para contener al que protesta, al que corta la calle, al que hace visible que el país no calza. La izquierda, por su parte, habla de diálogo, de reforma, de policía cercana. Suena bien. Suena casi educado. Pero después aparece la misma escena de siempre: escudo, piedra, gases, y una marcha convertida en campo de prueba para ver quién aguanta más cara de palo. Muy republicano todo. Muy limpio en la foto. Muy sucio en la cuadra.

Y ahí aparece la contradicción que nadie quiere decir sin ponerse tieso: Carabineros no es solo una institución; también es una pieza que el poder mueve según le conviene. Cuando el conflicto se desordena, se le pide que ordene. Cuando el gobierno se complica, se le pide presencia. Cuando la élite quiere dormir tranquila, se le pide que salga a la calle y haga el trabajo feo. Después, si algo sale mal, se actúa como si el uniforme hubiera caído del cielo por error. Qué conveniente. Qué prolijo. Qué barato sale usar a otros para sostener la imagen de orden en el palco.

El pobre se arregla con el carabinero, el rico con el juez. Esa frase no es una exageración elegante. Es una costumbre chilena con uniforme y firma al pie.

Ahí está el punto de fondo. Al que no tiene abogado, contacto ni paciencia larga, le toca la esquina, la comisaría, la respuesta rápida, el trato seco, la revisión de bolso, la advertencia. Al que tiene apellido, plata o red, le toca la puerta correcta. El problema no se resuelve con una charla bonita sobre confianza institucional. Se resuelve cuando la institución deja de distinguir quién puede esperar y quién no. Pero claro, eso ya sería pedirle orden al desorden que se beneficia de sí mismo.

Ahora, también hay que decirlo sin maquillaje: no se entiende Chile si uno hace como que toda la gente que entra a Carabineros viene de elite, de club o de vitrina. No es así. Hay hijos de familias trabajadoras, de barrios donde el sueldo alcanza justo, que entran buscando pega, estabilidad, un uniforme que pague a fin de mes. Y después quedan metidos en una máquina donde les piden obediencia, dureza y cara firme, como si eso bastara para resolver la historia. No es poca cosa. Pero tampoco alcanza para salvarlos del uso político que les dan. La derecha los abraza con una mano y les aprieta el cuello con la otra. Muy clásico. Muy nacional. Muy poco decente.

Y la izquierda, si quiere ser seria, no puede seguir tratando al carabinero como enemigo abstracto cada vez que sale una marcha. Porque ahí también hay un truco viejo: convertir al uniforme en el único rostro del abuso y olvidar quién manda, quién diseña, quién aprueba, quién presiona y quién después finge sorpresa. Gabriel Salazar le pondría nombre a eso sin tanta ceremonia: el Estado no cae del cielo, se arma con historia, clase y obediencia. Y en Chile esa obediencia viene con miedo, con costumbre y con bastante conveniencia arriba.

Lo más tenso de todo es que el país le pide al mismo carabinero dos cosas que no pueden vivir juntas sin romperse: que reprima y que dialogue, que castigue y que cuide, que sea muro y puente al mismo tiempo. Ya po, no es tan suave como lo estás dejando. Esa mezcla no es una reforma: es una carga mal puesta. Después se asombran de que el resultado sea un cuerpo agotado, una calle desconfiada y una derecha que aplaude cuando conviene, pero desaparece cuando toca hacerse cargo del costo. El fondo siempre vuelve. La forma cambia un poco. La cuenta no.

Prender lo justo: tomar el miedo, mandarla a caminar de noche sin punto de prensa y dejar un silbato vecinal al lado, mirando. El humo sale corriendo.

Cierre editorial Sigue picando.
Candela Dura
Cierre editorial de Candela Dura

Prender lo justo: tomar el miedo, mandarla a caminar de noche sin punto de prensa y dejar un silbato vecinal al lado, mirando. El humo sale corriendo.

Bruja Marco
Frase Piojo “La patria de utilería siempre entra a tiempo al escenario.”
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