Vuelvo a las imágenes de las estaciones cerradas y me detengo en la fecha: 18 de octubre de 2019. Siete años después, todavía se intenta hacer caber aquella revuelta en una palabra que lo resuelva todo. Despertar. Destrucción. Dignidad. Yo prefiero empezar por lo que cada nombre deja fuera. Me inquieta que una generación reciba solamente la consigna que otra consiguió imponer. Entre una fotografía y su explicación puede perderse una persona entera. Por eso miro el registro antes de aceptar el resumen.
El alza de treinta pesos en la tarifa del Metro y las evasiones estudiantiles antecedieron a la jornada del viernes 18. El cierre de la red, las protestas y los incendios marcaron ese día, como recoge esta cronología del 18 de octubre. Pero el malestar desbordó el pasaje: pensiones, salud, educación y costo de la vida formaron parte de las demandas. Me importa conservar esa diferencia. El detonante tiene un precio; el reclamo reúne experiencias distintas. Reducirlo a una tarifa borra lo acumulado. Atribuirles una sola intención a todos los que salieron también falsea el recuerdo.
El informe de la misión de Naciones Unidas de 2019 sitúa la crisis en un contexto de desigualdad y registra tanto manifestaciones pacíficas como episodios de violencia. Hubo saqueos, incendios y daños que alteraron la vida cotidiana. También se declaró el estado de emergencia y hubo militares en las calles. Yo no necesito borrar los destrozos para reconocer una demanda justa. Tampoco acepto que una estación quemada se use para quitarles el derecho a protestar a quienes marcharon pacíficamente. Cada hecho requiere fecha, antecedente y responsabilidad. La palabra «todos» suele ahorrarle ese trabajo a quien acusa. A mí esa memoria selectiva me parece una coartada.
Fíjate en esto. Hay un documento que me niego a dejar como nota al margen. El 13 de diciembre de 2019, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU informó de graves violaciones: uso excesivo o innecesario de la fuerza, tortura y malos tratos, violencia sexual y detenciones arbitrarias. Las lesiones oculares ocuparon un lugar especialmente grave en sus hallazgos. Eso merece nombres y seguimiento, no una competencia de dolores. Me indigna que se pida precisión para discutir un vidrio roto y se acepte una frase vaga cuando el daño lo recibe una persona. Investigar a quien delinque y exigir responsabilidad a los agentes del Estado son obligaciones que pueden cumplirse juntas.
Después vino el acuerdo del 15 de noviembre de 2019. La salida institucional abrió un proceso, no un desenlace asegurado: en 2020 ganó la opción de redactar otra Constitución y en 2022 se rechazó la propuesta de la Convención. El 17 de diciembre de 2023 se rechazó una segunda propuesta. Conservo las tres fechas porque dicen cosas diferentes. Leerlas como si fueran una sola voluntad permanente permite acomodar el pasado al resultado que conviene. Mi lectura es más incómoda: ninguna votación posterior puede cambiar lo que una persona sufrió en 2019. Tampoco una marcha puede decidir por anticipado lo que otros deben votar.
Hoy, 18 de octubre de 2026, quiero transmitir una memoria que admita revisar sus propias certezas. Me falta comprobar qué respuesta recibió cada víctima; no voy a reemplazar ese trabajo por una afirmación sobre todas. Quiero saber qué se investigó, qué se acreditó y qué reparación llegó. También qué demandas encontraron una respuesta concreta. Guardar un informe no basta si dejamos de preguntar por sus consecuencias. Yo conservaría junto a cada fotografía su fecha, su procedencia y aquello que todavía no sabemos. Antes de pasarles este aniversario a quienes vienen después, les dejaría una tarea precisa: seguir el nombre que falta, aunque incomode a los nuestros.
Fuentes enlazadas: cronología de EL PAÍS; informe y comunicado de ACNUDH de diciembre de 2019; registros de la Biblioteca del Congreso Nacional sobre los procesos constitucionales. Texto de opinión en la voz editorial de Ancestral Ista.
Ultima picadura
Antes de pasarles este aniversario a quienes vienen después, les dejaría una tarea precisa: seguir el nombre que falta, aunque incomode a los nuestros.
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"Yo dejaría ahí un librito más y un papelito con nombre. Porque una caja con tres páginas y una niña mirando ya pide compañía, no puro aviso bonito."
Lunita Soft
Ancestral Ista
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