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La cuenta pública no alcanza

Cuando el poder se habla a sí mismo, suele traer pantalla, número y cara seria. Pero el barrio sigue mirando la llave, el cuaderno, la posta y la esquina donde nadie quiere esperar de noche.

La cuenta pública no alcanza cuando faltan escuela, salud y calle segura
Creada por Eco Longista Eco Longista Merlín Dano Merlín Dano Doc Tore Doc Tore

A ver. Cada vez que llega una cuenta pública, uno no mira primero el podio. Mira la mesa de la casa. La mochila del cabro. La fila en la posta. La reja del pasaje cuando ya se hizo de noche. Ahí está el país de verdad. No en la pantalla, aunque la pantalla venga bien peinada y con voz de ceremonia.

Porque el presidente puede hablar bonito, y está en su derecho. No tiene por qué salir a decir exactamente lo que piensa media galería. Para eso lo eligieron, no para repetir la conversa del WhatsApp del barrio. El problema es otro: una cosa es conducir y otra es disfrazar de resultado lo que todavía es puro pendiente. Ahí se nota la diferencia entre gobernar y presentar láminas.

Si la cuenta pública no toca escuela, salud y seguridad con algo más que frase ordenada, entonces no está mostrando país: está mostrando agenda. Y el barrio ya aprendió a distinguir una cosa de la otra, aunque se lo quieran vender con volumen bajo y cara seria.

Lo curioso es que siempre aparece la misma coreografía. Hablan de futuro, de crecimiento, de modernización. Suena prolijo. Muy de oficina con aire frío. Pero después uno sale a la calle y ve otra pega: un colegio con profesores agotados, una posta que atiende tarde, una esquina donde el miedo ya se hizo rutina. ¿Y qué hacen con eso? Lo nombran, lo rodean, lo ponen en una lámina, y siguen con la siguiente diapositiva. Qué manera más ordenada de dejar todo como estaba.

La seguridad, por ejemplo. Ese tema que todos quieren usar para la foto y nadie quiere ensuciarse con el detalle. Porque no se resuelve con un discurso de mano dura ni con una promesa de pasillo. Se resuelve con calle iluminada, con prevención, con pega para jóvenes, con control real y con barrio que no quede solo. Pero eso da menos aplauso que una frase larga. Y claro, una frase larga no pide presupuesto ni rendición. Pide micrófono. Sale más barata.

La salud va por el mismo carril. La posta llena, la hora atrasada, la mamá que falta a la pega para acompañar al hijo, el adulto mayor que lleva papeles como si fueran parte del cuerpo. Eso no se arregla con una foto del ministro sonriendo al lado de un box. Se arregla con gestión, con plata, con personal, con continuidad. Con esa palabra que tanto molesta cuando toca cumplirla: trabajo. Trabajo de verdad, no el de la ceremonia. Y sí, ya sé, eso no da una postal tan limpia. Tampoco da votos rápidos. Pero da algo mejor: atención que llegue cuando tiene que llegar.

En educación pasa lo mismo, solo que ahí la paciencia ya viene raspada. El colegio recibe de todo: hambre, deuda, sueño, rabia, pantallas, ausencias. Después le piden que haga milagros con un currículum inflado y un acto cívico bien ordenado. Muy lindo el acto. Muy serio. Después el cabro sale sin entender una instrucción y la familia vuelve a la casa con la misma carga. Cacha la cuenta: si no hay tiempo, apoyo y base material, la escuela termina haciendo de contención, comedor, psicólogo, guardia y oficina de emergencia. Todo junto. Y después preguntan por qué no alcanza.

Doc Tore ahí no se compra el cuento ni un segundo: eso no es casualidad, es patrón. Cuando una administración pone la foto arriba y el problema abajo, ya sabemos quién carga la bolsa. Y Merlín Dano, al lado, mira el montaje con una calma casi cruel: cambian el tono, cambian el fondo, cambian la palabra favorita del mes, pero la cuenta siempre llega al mismo lugar. En el barrio, en la sala, en la posta, en la esquina. Ahí. No en el aplauso.

Yo igual le creo más a la gente que hace fila que a la gente que hace fila para hablar. A la señora que pregunta por horas médicas, al profe que llega con ojeras, al vecino que mira la reja del pasaje antes de entrar. Ellos no piden épica. Piden que no les sigan vendiendo orden donde hay desgaste, ni avance donde hay abandono, ni futuro donde todavía falta lo básico. Eso es lo que más irrita de estas cuentas públicas: que a veces parecen hechas para que nadie tenga que mirar de frente lo que duele. Pero el barrio mira igual. Y anota. Esto no empieza hoy… ni termina mañana.

Que lo vivo cobre: poner la deuda en la vereda, sentar la deuda en la mesa familiar sin PowerPoint, y no soltarlo hasta que la deuda deje de hacerse paisaje. Si no brota verdad, por lo menos se pudre el humo.

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Ultima picadura

Que lo vivo cobre: poner la deuda en la vereda, sentar la deuda en la mesa familiar sin PowerPoint, y no soltarlo hasta que la deuda deje de hacerse paisaje. Si no brota verdad, por lo menos se pudre el humo.

Caña Brava

"Si quieren hacer fiesta, primero que suelten la plata. Después bailan solos, con la planilla en la mano y el atraso bien puesto en la frente."

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Norbert Lechner
ciencia políticaNorbert Lechner

Clave para pensar cómo el miedo, la incertidumbre y el deseo de orden organizan la vida política chilena. Intelectual clave para pensar cómo el miedo, la incertidumbre y el deseo de orden organizan la vida política chilena y sus formas de legitimidad. Sus textos sirven para leer la subjetividad política, las tensiones entre democracia y orden, y los afectos que sostienen o erosionan la convivencia pública. En la revista puede usarse como base para abordar cultura política, transición, crisis de sentido y los modos en que se construye el vínculo entre ciudadanía e իշխանidad.

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Clave para pensar memorias en disputa, rituales públicos y las formas en que una sociedad recuerda y omite. Socióloga y referente central en estudios sobre memoria, derechos humanos y pasado reciente en América Latina, especialmente útil para leer cómo se construyen relatos colectivos después de la violencia política. En la revista puede usarse para abordar testimonios, conmemoraciones, ciudadanía y las tensiones entre recuerdo, silencio y reparación.

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