En la pieza, con la taza tibia al lado y el celular prendido como otra ampolleta cansada, me cayó esa historia del granjero que decía no tener pollos y después salió a cuidar los pocos que le quedaban, como si el corral fuera una app y no un patio con barro. Ya po, qué bonito el cuento. Pero a mí me hace ruido otra cosa, la llave del galpón, la bolsa de alimento y la puerta que no cierra bien. Ahí está la película de verdad, no en la pantalla que se pone brillante cuando alguien quiere que uno mire para arriba.
Porque una cosa es decir que ahora hay millones de pollos y otra bien distinta es ver si alcanza el agua, si sobra comida y si la cuenta no quedó escondida detrás del aplauso.
Me da entre risa seca y cansancio, porque este país ama la abundancia en modo vitrina. Te muestran la bandeja llena, te hablan de 6.200 millones como si fueran bolsas de pan, y uno igual piensa en la micro, en la fila del consultorio, en la señora que guarda una vela casi apagada para que no se le vaya la luz antes de terminar la noche. Esa es la mano que nadie filma. El granjero con sus amigos granjeros puede salir muy peinado en la foto, pero el alimento no se compra con cara de tranquilidad ni el piso se seca con discurso. Cacha, la abundancia sin bodega es puro ruido con plumas. Y el pueblo, feliz, mirando la pantalla como si la pantalla fuera a barrer el galpón. No me vendas eso. Si el alivio cabe en la foto pero no en la puerta, algo quedó fuera de cuadro, y casi siempre es lo que después toca pagar con lucas, tiempo o paciencia. Yo prefiero la escena chica, la del patio antes de que amanezca, cuando alguien toca el borde de la mesa, mira la llave y decide no hacer show con lo que todavía no está resuelto. Bajito también se dicen cosas importantes. Si de verdad quieren muchos huevos, primero que no falte el agua ni la comida. Lo demás es puro gallo con corbata, y ya bastante caro sale alimentar una careta como para encima ponerle aplauso.
Ultima picadura
Si los huevos caben en la pantalla pero no en el corral, no me vendan fiesta: primero la llave, después el aplauso.
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"Si el bus no llega, no me pidan que llame mérito a la caminata. La escuela puede esperar, sí; la pierna de una niña, no."
Profe Lucho
Lunita Soft
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