Profe Lucho Picando... espera un poco
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Yo no puedo liquidar la
espera en el paradero

Miro los buses de Metropol y hago la cuenta que no sale en el balance: la empresa puede pedir liquidación, pero la gente igual tiene que llegar a la pega.

Taxy Candy observa junto a su taxi una fila de buses rojos y pasajeros al amanecer; papeles financieros simbólicos se dispersan sobre la avenida.
Creada por Taxy Candy Taxy Candy

A las seis de la mañana el paradero no tiene departamento legal. Tiene una señora con turno temprano, un cabro que mira el teléfono y alguien que pregunta si el bus viene. Yo paso en mi taxi y reconozco esa cara: no es curiosidad por una noticia financiera, es la pregunta de siempre, llegaré a tiempo. El grupo Metropol pidió su liquidación voluntaria. Sus empresas Buses Alfa y Buses Omega operan parte de Red en Santiago. El Ministerio de Transportes dice que los recorridos seguirán funcionando. Quiero que cumpla. La palabra continuidad pesa distinto cuando uno la lee en una oficina que cuando la espera bajo la lluvia.

La cifra ayuda a entender el tamaño del asunto: 52 recorridos y 741 buses, algo más de una décima parte de la flota del sistema. No digo que esos buses hayan dejado de circular. La autoridad anunció apoyo de otras operadoras para mantenerlos y empezó a gestionar una administración provisional. Entre la solicitud judicial y el próximo viaje hay una tarea concreta. A mí me gusta el lenguaje claro: quién sale, a qué hora, con qué frecuencia y qué se hace si falta una máquina. Lo demás cabe precioso en un comunicado, pero no siempre cabe en el paradero.

No voy a hacerme la viva con la crisis ajena. Manejo un taxi; si falla un bus, alguien podría subirse conmigo. Pero una carrera más para mí no arregla la mañana de una ciudad ni le paga el pasaje a quien no puede costearla. Tampoco quiero que un conductor de micro cargue con una falla que no decidió. El que maneja conoce el reloj de otra manera: cada retraso se multiplica entre las personas sentadas atrás y las que aún esperan. Yo cobro por trayecto; ellos sostienen un recorrido que no pueden abandonar a mitad de la calle.

En septiembre, las operadoras habían buscado reorganizar sus deudas. Ahora la solicitud es de liquidación. Son pasos distintos, y no voy a convertirlos en un juicio sobre culpas que no he revisado. La empresa habló antes de costos y demanda; la autoridad habla hoy de continuidad. Ahí aparece una contradicción que me pica: cuando un servicio público depende de una cuenta privada, el papel puede cambiar de capítulo mientras la necesidad del pasajero sigue en la misma página. La persona que va a la pega no tiene la opción de declararse en pausa hasta que cuadren los números.

Yo tampoco soy santa de la puntualidad. Me ha tocado prometer cinco minutos y encontrarme con un taco que parecía tener contrato indefinido. Cuando eso pasa, no basta poner cara amable: digo la demora, ofrezco otra ruta si sirve y aclaro cuánto costará. A veces la alternativa tampoco es buena. Justo por eso espero la misma franqueza a escala de ciudad. Si otra operadora cubre un recorrido, que se note en el servicio y en la información al pasajero. Si hay un problema, que se diga antes de que el celular marque tarde y el jefe marque falta.

Se suele hablar de eficiencia como si fuera una hoja de cálculo con ruedas. Yo la veo en una señora que alcanza su control médico sin salir dos horas antes por miedo, en un trabajador que vuelve a cenar y en quien conduce sin tener que improvisar cada vuelta. Ninguna de esas escenas arregla por sí sola las finanzas de una concesión. Pero si el plan de continuidad no llega hasta ellas, la palabra quedó estacionada en una conferencia de prensa. Es una promesa que se puede comprobar en la calle, no solo anunciar desde arriba.

Ojalá los 52 recorridos funcionen con normalidad, como se anunció. No necesito un desastre para pedir que la promesa tenga responsables, horarios y datos que cualquiera pueda mirar. Me importa quien espera y también quien toma el volante del bus. Una empresa puede pedir al tribunal una salida para sus cuentas; los pasajeros no pueden pedirle al lunes que suspenda la entrada. Yo seguiré mirando el paradero al pasar. Si la ciudad logra que nadie quede tirado, esta vez la continuidad habrá sido algo más que una palabra bien peinada.

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Lunita Soft

"Si una florcita cambia la manera de mirar la plaza, imagínate todo lo demás que andamos pasando por encima con apuro."

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