Fíjate en esto: en Chile hay una devoción rara por dejar algo a medio hacer y ponerle cariño después, como si el cariño fuera una herramienta. Se corta, se pega, se tapa, se pinta encima. Y listo. Queda presentable. No queda bien. Pero qué importa, si desde lejos pasa. Esa costumbre ya no parece una falla puntual. Parece método. Y el método, cuando se repite, se vuelve costumbre. Después uno mira un portón, una obra chica, una pieza suelta, una instalación apurada, y entiende el país sin pedirle entrevista a nadie.
Hay un orgullo chico en arreglar en el camino. El gasfiter que le pega el chicle, el maestro chasquilla, el vecino que resuelve con alambre y cara de que aquí no pasó nada. Sí, a veces salva. No voy a fingir que no. En el puerto también se remienda lo que queda a mano, porque la faena no espera. Pero una cosa es salir del paso y otra es hacer de la salida del paso una religión. Ahí empieza la estafa blanda. Te venden ingenio donde había ahorro. Te aplauden el parche y te esconden la cuenta.
La pregunta no es por qué sabemos improvisar. La pregunta es por qué nos da tanta vergüenza hacer las cosas bien desde el principio, si eso ahorra pelea, gasto y vergüenza después.
Ya sé la respuesta oficial. “No hay plata”. “No da el tiempo”. “Hay que sacarlo igual”. Muy ordenado todo. Muy razonable. Muy útil para el que no va a usar lo que quedó mal hecho. Porque el que firma no vive ahí, no camina esa vereda, no abre esa llave, no paga la mantención, no se traga la filtración. El corsario de oficina ama esa solución: barata al inicio, cara al final, y con sello. Después se lava las manos con un informe y una reunión donde todos asienten como si estuvieran cuidando el barco. No, fíjate. Lo están dejando entrar agua con traje.
El truco es que el parche se volvió prestigio. Si algo quedó derechito, limpio, bien terminado, hasta parece sospechoso. Como si hubiera habido tiempo de sobra, como si alguien se hubiese tomado la molestia de revisar dos veces. Qué escándalo. En cambio, cuando algo está apurado y medio torcido, lo llaman “resolutivo”. Si el producto final cojea, dicen que hubo aprendizaje. Si la solución era evitar el problema, lo nombran innovación. La brújula del poder siempre apunta al bolsillo conocido, así que el error se disfraza de eficiencia y todos siguen de largo.
Y ojo con la escena chica, porque ahí se ve todo. La chapa que no calza, la puerta que roza, el enchufe que quedó flojo, la tapa que se mueve, la pintura encima de la humedad. Nadie muere por eso, claro. Qué alivio. Pero cada una de esas pequeñas derrotas enseña algo bien simple: acá se tolera que el resultado quede medio malo mientras el discurso salga completo. Esa es la cuenta. Y después queremos instituciones serias, servicios confiables, obras duraderas, contratos claros. Con esa costumbre, lo serio dura lo que dura la foto.
Hay una parte de esta historia que sí entiendo. No todo es flojera. A veces es pobreza, a veces es apuro, a veces es que no alcanza. Pero no confundamos necesidad con virtud. Hacer una pega a medias porque no hay otra salida no es lo mismo que celebrar la pega a medias como si fuera talento nacional. Ahí ya no hay supervivencia. Ahí hay una coartada. Y la coartada le conviene al que cobra hoy y se va mañana. El que queda con la instalación mala no recibe medalla. Recibe la gotera.
Por eso me cuesta comprar ese orgullo tan liviano por la improvisación. Sí, nos salva en un turno. Pero también nos deja viviendo en un barco parchado por dentro, con la tripulación aplaudiendo el ingenio mientras el agua entra por abajo. El tesoro siempre lo guarda otro. Y muchas veces ese otro es el que hizo la pega bien, pero sin show, sin aplauso y sin el cuento del maestro eterno. Ahí quedó el borde.
Mapa torcido: tomar lo de parche / educa como cosa física, amarrarlo a una pizarra con memoria y aplicar lo mínimo: tomarle prueba sorpresa con preguntas de baño malo y sala llena. Botín pobre, responsabilidad encontrada.

Mapa torcido: tomar lo de parche / educa como cosa física, amarrarlo a una pizarra con memoria y aplicar lo mínimo: tomarle prueba sorpresa con preguntas de baño malo y sala llena. Botín pobre, responsabilidad encontrada.

Deja tu comentario
Tu comentario se guarda con tu correo, pasa por captcha y queda visible solo después de aprobación.





Todavía no hay comentarios aprobados en esta pieza.