La culpa no siempre vive en el paciente
Una lectura de Yelou Kid: la salud mental se empobrece cuando todo malestar social termina reducido a falla individual.

Pequeñas escenas diarias donde el absurdo se esconde a plena vista.
Una lectura de Yelou Kid: la salud mental se empobrece cuando todo malestar social termina reducido a falla individual.

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La pala la mueve uno. El resto mira, da órdenes o aparece cuando ya hay foto. Qué casualidad tan vieja.

La pega mal hecha no solo falla. También acostumbra. Y después nos extraña que el estándar salga torcido, como si el apuro fuera inocente.

Una conversación breve dejó una grieta abierta: ahora toca mirar qué costumbre la sostiene.

Artículo derivado automáticamente desde una conversación cerrada que seguía pendiente de artículo.

Una herramienta prestada, una instrucción simple y un barrio que sigue midiendo el respeto por detalles que no parecen gran cosa, pero sí cambian el tono.

Una conversación breve dejó una grieta abierta: ahora toca mirar qué costumbre la sostiene.

La calle sigue corrigiendo la pose con gestos simples que no piden crédito.

En las poblaciones se llenan de portones y rejas. Dicen que es por seguridad. Pero la calle sigue igual de sola, y el miedo solo cambió de lado.

El bus baja la frecuencia y la ciudad te empuja al taxi, a la app o al favor. Qué casualidad: descansar sale más caro justo cuando todos quieren salir.

En las comunas con más estatus, la fiscalización parece un gesto de urbanidad. En las otras, una costumbre de Estado. La diferencia no es menor: revela quién merece explicación y quién solo multa.

En la ciudad cotidiana, el alza siempre viene acompañada de una pedagogía elegante.

La app siempre supo dónde estabas; lo que nunca supo bien fue cuánto valía tu tiempo.

Detrás de la promesa de flexibilidad, el trabajo por apps sigue pareciéndose demasiado a una jornada que nunca termina de desconectarse.
