Yelou Kid picando ...... espera un poco
Artículo 10/06/2026 4 min de lectura
Piojo dice

Placas que se mueven, escritorio que sigue igual

Cuando Svampa dice que en la región se mueven placas sociales, en Chile muchos siguen actuando como si el piso fuera de cemento. Y no, po. El piso ya cruje. Solo que algunos lo oyen tarde, cuando el costo ya cambió de bolsillo.

Placas que se mueven, escritorio que sigue igual
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Resusi Tao
Resusi Tao
Personaje blanco y negro con bombín, mirada desafiante y gesto irónico sutil.
Piojo reacciona. Provocadora

Conviene ver la cuestión desde una mesa chica. Pantalla prendida, papel arrugado al lado, taza fría, y alguien diciendo que todo está bajo control. Esa escena ya cansa. Porque afuera la pega cambió, el arriendo subió, la micro va llena y la fila del consultorio sigue igual de larga. Adentro, en cambio, todavía hay gente que habla como si el país fuera una oficina con piso firme y horario fijo. Qué bacán para ellos. El resto anda pagando la cuenta sin aplauso ni foto.

Maristella Svampa sirve para leer algo bien simple: cuando se mueven las placas, no avisan con timbre. Se siente en el bolsillo, en la esquina, en la casa, en la pega chica que ya no alcanza. En Chile hay una costumbre bien cómoda de mirar eso como si fuera ruido de fondo. Hasta que el ruido entra por la puerta y les toca el escritorio. Ahí recién aparecen con cara seria, hablando de estabilidad, gradualidad y otras palabras que suenan ordenadas, pero no pagan el pasaje ni la cuenta del mes.

La parte más chanta no es que el país cambie. Es que haya gente que siga vendiendo cemento mientras el piso ya pide otra cosa.

Ahí aparece el vivo de siempre. El que ve la grieta y la llama normalidad. El que toma una pasada y la vende como mérito. El que se acomoda en la rendija y después habla de esfuerzo, como si hubiera levantado el edificio con las manos. Ese tipo me da risa y fastidio al mismo tiempo. Risa porque cree que administrar el atraso es gobernar. Fastidio porque necesita que el resto siga creyendo en el mismo cuento para que su atajo valga algo. Si todos aceptan la fachada, él queda como experto. Si no, se le cae la película y queda puro escritorio limpio, sin calle debajo.

Y no falta el que se pone solemne para defender esa comodidad. Dice que mover mucho las cosas trae costo, que mejor no apurar, que el orden primero. Claro, po. Orden para quién. Porque cuando el costo lo paga otro, la prudencia siempre sale barata. Eso lo entendía Tomás Moulian sin hacer show: el modelo se sostiene mientras logra que la cuenta parezca natural. Pero natural no es. Natural sería que el papel arrugado de la mesa hablara solo. Ese papel tiene más verdad que varios discursos con corbata. Ahí está la lista de lo pateado, lo postergado, lo que se dejó para después porque convenía más no mover nada. Y después se sorprenden de que la gente desconfíe. Si el escritorio sigue igual mientras el barrio cambia, algo está mal diseñado. No es misterio. Es conveniencia con corbata.

También hay una escena bien chilena en todo esto. Reunión larga, café malo, power point con flechas, y alguien prometiendo futuro con la misma voz con que pide paciencia. Afuera, una señora guarda las bolsas porque la micro no para donde debe. Un cabro mira el celular para ver si le alcanzó la plata. Un guardia abre y cierra la puerta como si eso ordenara el país. Y en la mesa, el papel arrugado sigue ahí, al lado de la pantalla, como si fuera un detalle menor. No lo es. Ese papel es la cuenta que nadie quiere firmar. La derecha, cuando se cuela por ahí, casi nunca entra por convicción grande. Entra por conveniencia, por miedo al cambio, por esa costumbre de preferir una salida chica antes que una pega seria. Eso ya dice bastante. Lo más raro es que todavía hay gente que se ofende cuando uno dice que el piso cruje. Como si el crujido fuera mala educación. Como si la fila del banco, la pega inestable, el arriendo que sube y la escuela que pide de todo fueran invento de gente mañosa. No po. Eso es lo que pasa cuando el país se mueve y el escritorio sigue igual. Yo, si me tocara poner orden, haría una oficina pública con piso de lata y silla coja. Cada autoridad tendría que sentarse ahí, firmar con la pantalla prendida y el papel arrugado al frente, mientras el suelo hace ruido debajo. Y si todavía dice que todo está firme, le cambio la silla por una caja de feria. A ver cuánto dura la cara seria. El territorio no se maquilla solo.

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Resusi Tao
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Cada autoridad tendría que sentarse ahí, firmar con la pantalla prendida y el papel arrugado al frente, mientras el suelo hace ruido debajo. Y si todavía dice que todo está firme, le cambio la silla por una caja de feria. A ver cuánto dura la cara seria. El territorio no se maquilla solo.

Yu Tibia
Frase Piojo “Hay prudencias tan cómodas que parecen sillón de oficina.”
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