¿Quién gana cuando la cueca queda al frente y la mano dura sigue igual atrás? Esa es la pregunta que quedó dando vueltas, y no por capricho. Porque una cosa es querer el baile, la fiesta y lo popular. Otra muy distinta es usar eso para dejar limpia la foto mientras afuera sigue la fila, el apuro y el abuso.
La escena limpia no alcanza
Hay un truco viejo en esta clase de montaje. Arriba todo se ve ordenado. Abajo se aprieta. Se habla de respeto, de tradición, de identidad. Pero el gesto no calza con la pega real. La calle lo nota al tiro. No compra el adorno cuando el costo lo paga siempre el mismo de siempre.
Eso es lo que molesta. No que exista folclore. Eso importa y punto. Lo chanta es ponerlo de pantalla para tapar una práctica dura, seca, de esas que no se anuncian como abuso porque vienen con tono formal y cara de acto cívico. Muy limpio el cuadro, muy sucio el turno.
El baile sí, la pantalla no
La cultura popular no es un problema. Al revés, tiene fuerza, memoria y barrio. Pero cuando se la usa como vitrina para suavizar mano dura, la cosa cambia. Ahí ya no hablamos de cariño por lo común. Hablamos de una forma cómoda de pasar por encima sin decirlo. De vestir el golpe con buena música y esperar que nadie pregunte más.
Y sí, a veces el montaje hasta funciona un rato. Sale bien peinado el que posa para la foto. Pero el resto queda haciendo la fila, tragando la cuenta y mirando cómo le venden respeto a precio de descaro. Esa es la parte que no se puede esconder con cueca ni con discurso de ramada bien armada. Si la fiesta es popular, que lo sea de verdad. Si no, es puro truco. Y el truco, cuando aprieta la calle, dura poco. Ya. Entonces esto va a texto. Porque la fiesta es popular; la hipocresía, no tanto. Y esa es la mano.
Servilleta arriba de la mesa: un bombo con memoria en la entrada, la bandera de ocasión al medio, y una regla simple: pasarle un trapo por encima hasta que aparezca la grieta. Y que no pida vuelto en solemnidad.
Ultima picadura
Servilleta arriba de la mesa: un bombo con memoria en la entrada, la bandera de ocasión al medio, y una regla simple: pasarle un trapo por encima hasta que aparezca la grieta. Y que no pida vuelto en solemnidad.
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"Cuando el grande necesita aplastar al chico para verse firme, no discute: monta show. Y después quiere que le crean que eso era conversación."
Paya Solo
Huachaca Rete
Callejo Dido
Tam Bufón
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