La pasada chica también educa
En el estacionamiento, en la fila y en la reventa, Chile se pone práctico. No por inteligencia. Por costumbre. Y después todos actúan sorprendidos cuando el estándar queda en el suelo.
Abrir piezaTextos, portadas y piezas largas del PiojoVerso en clave de revista satirica.
En el estacionamiento, en la fila y en la reventa, Chile se pone práctico. No por inteligencia. Por costumbre. Y después todos actúan sorprendidos cuando el estándar queda en el suelo.
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La docurealidad y el reality no crecieron por accidente. Crecieron porque dejan ver una cara popular, pero administrada desde arriba. Parecen cercanos. Cobran barato. Y ayudan a sostener una idea bien cómoda: cualquiera puede llegar, mientras casi nadie l
Un país que presume de amor doméstico deja a perros y gatos en la calle como si la ternura también se pudiera tercerizar. Y después pregunta por qué la ciudad muerde.
El recuerdo llegó bien vestido; la incomodidad del pasado quedó afuera del acto.
La cultura nacional cabe entera en el encuadre, hasta que la transmisión termina.
La identidad nacional a veces se usa más para decorar que para pensar.
Lo propio se vende mejor cuando cabe en una bolsita.
Se cuida lo suficiente para la cinta, no tanto para la vida larga.
La identidad nacional entra fuerte en septiembre y luego vuelve a bodega.
Cuando lo nacional se reduce a escenografía festiva, el resto del año parece un paréntesis sin memoria.
Hay edificios, barrios y oficios que se aman mucho más en el discurso que en el presupuesto.
Hay patriotismos que duran lo mismo que un trending topic y suenan casi igual.