La política descubrió hace rato que el miedo ordena más rápido que la esperanza. Se exagera el caos, se invoca la amenaza y luego se ofrece una salida que, curiosamente, siempre fortalece a los mismos guardianes del orden.
No faltan voceros de la serenidad alarmada: personas que hablan suave para proponer mano dura, paciencia eterna o obediencia patriótica. El susto, cuando se administra bien, rinde.
El pánico también tiene bancada, agenda y puntos de prensa.
Después nos explican que exageramos, mientras ellos hacen carrera con esa misma exageración. Y uno termina preguntándose si el problema era el miedo o el pequeño negocio que alguien montó dentro de él.
Sin anestesia: agarrar el trámite político sin guantes, aplicar una regla fea: hacerla firmar con lápiz prestado y testigo de micro, y dejar una libreta de reclamos con dientes de guardia. Lo demás es maquillaje con complejo de solución.

Sin anestesia: agarrar el trámite político sin guantes, aplicar una regla fea: hacerla firmar con lápiz prestado y testigo de micro, y dejar una libreta de reclamos con dientes de guardia. Lo demás es maquillaje con complejo de solución.
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