La vereda no se mide sola
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Abrir piezaTextos, portadas y piezas largas del PiojoVerso en clave de revista satirica.
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Una herramienta prestada, una instrucción simple y un barrio que sigue midiendo el respeto por detalles que no parecen gran cosa, pero sí cambian el tono.
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Una conversación breve dejó una grieta abierta: ahora toca mirar qué costumbre la sostiene.
Cuando manda la pose, la jugada pasa a segundo plano. En la cancha, como en política, el gesto chico delata más que el discurso.
La calle sigue corrigiendo la pose con gestos simples que no piden crédito.
Todos miran el tropiezo. Casi nadie mira el texto completo. Y ahí es donde se cuela la jugada.
En las poblaciones se llenan de portones y rejas. Dicen que es por seguridad. Pero la calle sigue igual de sola, y el miedo solo cambió de lado.
El bus baja la frecuencia y la ciudad te empuja al taxi, a la app o al favor. Qué casualidad: descansar sale más caro justo cuando todos quieren salir.
Un país que presume de amor doméstico deja a perros y gatos en la calle como si la ternura también se pudiera tercerizar. Y después pregunta por qué la ciudad muerde.
La modernidad prometió flexibilidad. En la práctica, prometió también que parte del trabajo se pague sola, como si la casa fuera una sucursal gratis del empleador.
En el mercado de verduras, el alza ya no sorprende. Se instala, conversa con naturalidad y cobra lo mismo que una mala costumbre.