Artículo editorial
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Textos con más cuerpo, bajada y remate. Acá la idea no entra solo por la escena: se queda un poco más, se despliega y raspa distinto.
Cuando hay presupuesto, la tecnología deja de ser barrera y pasa a ser atajo. La inteligencia artificial baja todavía más el umbral. Y ahí aparece el hijo de capital que no quiere entender mucho, solo mover plata y pedirle a la máquina que haga el resto.
La modernidad prometió flexibilidad. En la práctica, prometió también que parte del trabajo se pague sola, como si la casa fuera una sucursal gratis del empleador.
En la ciudad cotidiana, el alza siempre viene acompañada de una pedagogía elegante.
En la sociedad del trámite, la paciencia termina funcionando como impuesto.
La épica del esfuerzo no siempre termina en progreso; a veces solo en cansancio mejor administrado.
Detrás de la promesa de flexibilidad, el trabajo por apps sigue pareciéndose demasiado a una jornada que nunca termina de desconectarse.