Artículo editorial
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Textos con más cuerpo, bajada y remate. Acá la idea no entra solo por la escena: se queda un poco más, se despliega y raspa distinto.
En Recoleta, "El quijote no existe" de Jorge Díaz deja una cuenta rara a la vista: el teatro no nace del apellido, nace del trabajo. Y cuando entra gente de oficios distintos, la escena entiende algo que la cartelera suele esconder.
La pala la mueve uno. El resto mira, da órdenes o aparece cuando ya hay foto. Qué casualidad tan vieja.
A ver: no todo niño llega con problemas. A veces llega con una escuela que ya vino rota. Y ahí empieza el teatro con reglamento, abrazo corto y formulario largo.
Mira el cuadro: el que firma el servicio público muchas veces no se sube al mismo servicio. Y después nos piden fe, como si la fe tapara la cuenta.
La docurealidad y el reality no crecieron por accidente. Crecieron porque dejan ver una cara popular, pero administrada desde arriba. Parecen cercanos. Cobran barato. Y ayudan a sostener una idea bien cómoda: cualquiera puede llegar, mientras casi nadie l
Una conversación breve dejó una grieta abierta: ahora toca mirar qué costumbre la sostiene.