Artículo editorial
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Textos con más cuerpo, bajada y remate. Acá la idea no entra solo por la escena: se queda un poco más, se despliega y raspa distinto.
Todos miran el tropiezo. Casi nadie mira el texto completo. Y ahí es donde se cuela la jugada.
Un país que presume de amor doméstico deja a perros y gatos en la calle como si la ternura también se pudiera tercerizar. Y después pregunta por qué la ciudad muerde.
La modernidad prometió flexibilidad. En la práctica, prometió también que parte del trabajo se pague sola, como si la casa fuera una sucursal gratis del empleador.
En las comunas con más estatus, la fiscalización parece un gesto de urbanidad. En las otras, una costumbre de Estado. La diferencia no es menor: revela quién merece explicación y quién solo multa.
Cuando el aplauso circula en la misma mesa, la ciudadanía queda de público.
Cuando la política sonríe demasiado, suele ser porque la foto importa más que la calle.