Artículo editorial
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Textos con más cuerpo, bajada y remate. Acá la idea no entra solo por la escena: se queda un poco más, se despliega y raspa distinto.
Subir la bencina no solo encarece la micro, el colectivo o el auto. También alarga una jornada muda que se paga con tiempo, paciencia y lucas antes de marcar entrada.
La promesa de estudiar para estar mejor perdió fuerza cuando el trabajo quedó precario. En Chile piden más títulos, más especialización y más aguante. Pero el sueldo sigue corto y la pega, inestable.
Cuando hay presupuesto, la tecnología deja de ser barrera y pasa a ser atajo. La inteligencia artificial baja todavía más el umbral. Y ahí aparece el hijo de capital que no quiere entender mucho, solo mover plata y pedirle a la máquina que haga el resto.
Cuando el gobierno deja sin beca alimentaria a quienes lo sostuvieron, el castigo no se discute en teoría: se siente en la mesa, en el colegio y en la papeleta.
En Chile, la educación pública no ha sido un accidente. Ha sido una pelea larga contra un sistema que quiso dejarla chica, útil y dócil. Y aun así sigue ahí, haciendo clase con lo que hay.
Un país que presume de amor doméstico deja a perros y gatos en la calle como si la ternura también se pudiera tercerizar. Y después pregunta por qué la ciudad muerde.